Nápoles (III): Del Barrio Español a la Colina de Vomero.

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Via Toledo, la calle de un Virrey.

A la espalda de Santa Ana de Lombardia, (ultima visita del post anterior) accediendo por una callejuela se llega a la Plaza de la Caridad, la cual es atravesada de norte a sur por la popular Via Toledo. Esta vía recibe su nombre del Virrey Pedro Álvarez de Toledo, insigne figura que gobernó la ciudad de 1532 a 1553.

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El Virrey, hombre curtido en muchas batallas y empresas llego a Nápoles con sus tropas en 1532. Sus soldados se asentaron junto al centro histórico en lo que hoy se conoce como el Quartieri Spagnoli.

El lugar se convirtió en una amalgama de callejuelas donde se alternaban pequeñas iglesias para los servicios religiosos, junto con un buen numero de tabernas y putiferios para la atención de otros servicios igual de necesarios. Pronto el barrio adquirió fama de pendenciero e inmoral, una fama que ha perdurado y en cierto modo subsiste.

La huella del Virrey

Don Pedro se afano en convertir Nápoles en la imagen mas fidedigna del poder imperial de los Habsburgo hispanos, para lo cual dignifico el cargo de Virrey, dándole mayor boato y poder militar. Al fin y al cabo, Nápoles es la mayor urbe sobre la que gobernaron los Austrias españoles.

Entre sus medidas figuraron la fortificación de Castel San Elmo y los baluartes de Castel Nouvo, pero sobre todo el Barrio Español, lugar de asentamiento de los Tercios.

En 1549 Pedro de Toledo llamó a Nápoles a Juan Bautista de Toledo que venia de trabajar con Miguel Ángel en la basílica romana de San Pedro, y que pasaría a la historia por diseñar e iniciar el Monasterio de El Escorial.

 Juan Bautista de Toledo edifico la Iglesia de Santiago de los Españoles, (ubicada en la céntrica Piazza del Municipio) lugar donde se encuentra el manierista sepulcro de Pedro de Toledo. Pero su principal reforma es de tipo urbanístico, al crear la Via Toledo, arteria principal entonces y ahora del Quartieri Spagnoli.

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Sepulcro del Virrey Toledo. This work is into the public domain. This applies worldwide.

La Vía Toledo es la principal calle comercial del centro de Nápoles, llena de bancos, tiendas de marcas internacionales, cafeterias, etc. Esta semi peatonalizada, es decir hay acceso de vehículos pero muy limitado, por lo que es un lugar de paseo y trasiego de napolitanos y foráneos.

Pero es en las calles paralelas donde hay que penetrar para descubrir el genuino sabor de este barrio popular y de dudosa reputación.

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Sus calles estrechas, la ropa tendida, las oscuras callejuelas perpendiculares con sus escalinatas en la falda de la Colina de Vomero, los altares callejeros, los ciclomotores, las tiendas artesanales del año de la nana, conforman una de las imágenes mas tópicas de Nápoles.

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Una de las características de este barrio son los bassi, o casas bajas. Son espacios de una sola habitación a pie de calle, donde conviven salón, cocina, y dormitorio. Vamos, un proto-loft pero a lo cutre. Consideradas viviendas de baja condición social, aun subsisten muchas familias en el barrio que viven en “bassis”. Probablemente su origen son las estancias de los soldados.

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En un bassi debió vivir el soldado de los tercios Miguel de Cervantes, quien llego a Nápoles procedente de Roma en 1570, después de haber recorrido una buena parte de Italia. Veinteañero por entonces, no poco bagaje debió adquirir para sus obras frecuentando las tabernas y otros lugares que el barrio español ofrecía. Que en la vida no todo el saber esta en los libros.

En aquel año el barrio debía estar en plena ebullición, pues el número de tropas era enorme, se estaban concentrando para la cita con “la más alta ocasión que vieron los siglos”, y que tendría lugar en el Golfo de Lepanto.

Cuentan las crónicas que siendo Virrey, Pedro Tellez de Girón, III Duque de Osuna, este se sorprendió de la abundancia de lisiados e impedidos que poblaban las calles del Barrio Español. Dispuso entonces el Virrey que un carromato fuera arrojando por las calles monedas de oro a su paso. Algo mas atrás del carromato una compañía de los Tercios iba deteniendo y alistando a galeras o infantería a todos los lisiados y cojos que recuperaban milagrosamente el vigor y los andares al correr tras las monedas de oro.

 ¿Es peligroso Nápoles?

De acuerdo a mi experiencia personal, no.

Al viajar con niños, no pude disfrutar de la noche, por tanto no puedo opinar sobre la situación cuando se pone el Sol. Pero durante mis cuatro días en Nápoles no aprecie ninguna situación insegura, o al menos más insegura de lo que cualquier turista en una populosa ciudad europea puede experimentar. Simplemente hay que tomar las precauciones que dicta el sentido común, y tener cuidado de que no te atropelle un ciclomotor.

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Además es necesario indicar que la seguridad no solo es objetiva, sino también subjetiva. Es decir, te sientes cómodo paseando, no percibes inseguridad.

Sospecho (gracias a mi experiencia) que la fama de ciudad insegura es algo injusta, y al menos en el centro histórico, incluido el barrio español no es merecida. Aunque imagino que un inglés o un danés se sentirán algo menos seguros, rodeados de tanto bárbaro meridional.

El Mercado de Pignasecca

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Regreso ahora a la Plaza de la Caridad donde inicie mi comentario del Quartieri Spagnoli. Aquí nace una pequeña calle llamada “La Pignasecca”, lugar donde se desarrolla el mercado callejero más afamado de Nápoles.

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Aquí se puede comprar cualquier producto gastronómico de los muchos que ofrece el mezzogiorno italiano. Quesos, frutas, verduras, numerosas pescaderías, carnicerías que exhiben sus viandas con la impudicia que escandaliza a los europeos del norte, pero que tan familiar nos resulta a los íberos.

Los puestos de comida callejera ofrecen los principales dulces locales, la sfogliatella y el babá.

Comer en Nápoles.

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Las pizzerias y tratorias de Nápoles son una visita inexcusable, pero si las prisas y el bolsillo lo aconsejan la comida callejera suele ser una buena opción. Cualquier ciudad del mundo con una vibrante vida callejera requiere como condimento indispensable, una comida callejera a la altura.

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La frittatina de pasta es una especialidad genuinamente napolitana, y consiste en una tortilla de macarrones o espaguetis. También muy napolitano y no apto para guiris del norte de Europa es la Trippa, una comida muy usual en todo Italia pero que cada región tiene sus propias preparaciones. Los callos vamos.

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Otras estrellas de la comida callejera son los cucuruchos o frituras con crocché, arancini, o zeppoline que son croquetas de diversos tipos y variedades, a menudo servidas en un papel a modo de cucurucho.

En cuanto a la Pizza, un invento napolitano y aspirante a Patrimonio de la Humanidad, esta tiene su versión callejera en la pizza frita, o pizza a portafoglio, que es una pizza que se puede doblar.

La variedad de dulces es importante, pero dos son los más populares, la sfogliatella, y el babá. Respecto a este ultimo, doy dos spoilers. Su apariencia es contundente, da la impresión de que con uno ya quedarías lleno, sin embargo, es sumamente ligero y fácil de digerir. Es un dulce bañado en Ron y muy bien bañado, casi parece que te tomas un chupito.

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La sfogliatella, y el babá.

La Colina de Vomero.

Transitando por la Vía Toledo en dirección al mar llegaremos a la pequeña Plaza del Duque de Aosta, un poco antes de la Galería de Umberto I  En esta plaza se encuentra la estación de funicular Augusteo que nos permite subir al Barrio de Vomero, en la colina homónima. Dista tres estaciones de la Piazza Fuga, en pleno corazón del barrio de Vomero.

La primera sensación al salir del funicular, es de relajación y de descubrimiento. Descubrimiento de que no todo Nápoles es caótico, ruidoso, y efervescente. Hay lugares reposados y tranquilos con aspecto más parecido al de otras latitudes.  Aceras solo para peatones (sin ciclomotores), pequeñas trattorias, y hoteles boutique.

El Castell Sant´Elmo.

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Castell Sant´Elmo a la izquierda y Certosa de San Martino a la derecha. Autor; Dr.Conati at Italian Wikipedia

Desde Piazza Fuga un paseo de casi un kilómetro (perfectamente indicado) nos llevara en sentido ascendente hasta lo alto de la Colina de Vomero. Allí se encuentra el Castillo de San Elmo, una fortaleza medieval del siglo XIV aunque reconstruida por Pedro de Toledo en el XVI.

Entre los muchos avatares sufridos por la misma se encuentra la resistencia del Virrey Rodrigo Ponce de León durante la revuelta de Masianello, en que los napolitanos intentaron tomar el castillo sin éxito. El asedio sufrido en 1707 cuando los austriacos tomaron el reino de Nápoles a los últimos españoles que quedaban en la ciudad, y en 1734, la situación contraria, los españoles asediaron a los últimos austriacos durante la Guerra de Sucesión Polaca.

En 1799 aquí se proclamó la Republica Napolitana por los numerosos jacobinos italianos que existían gracias a la financiación recibida de la Primera República Francesa. Durante el siglo XIX y parte del XX fue cárcel y a partir de 1960 se restauro albergando una parte del mismo el Museo del Novecento Napolitano que contiene obras de arte del siglo XX.

Junto al castillo se encuentra uno de los más bellos e interesantes monumentos de Nápoles, la Certosa de San Martino.

La Cartuja de San Martin o Certosa di San Martino.

Compendio del arte barroco napolitano, hoy recibe el nombre de Museo Nacional de San Martino, y para aquellos que gusten del arte es visita inexcusable. La institución tiene sus raíces en un monasterio cartujo de tiempos angevinos, inaugurado por Juana I de Nápoles en 1368. Hoy solo los cimientos y pasillos subterráneos de la Cartuja (musealizados y abiertos al público en el 2015) contienen restos de aquella construcción.

Fanzago, el Bernini de Nápoles

En el siglo XVI el templo se dedico a San Martin de Tours, y bajo el impulso del Concilio de Trento empezó a tomar la forma que hoy conocemos. La estructura conventual se edifico entre 1589 y 1609, con añadidos y reformas de 1618 a 1656, buena parte de estas corrieron a cargo de Cosimo Fanzago, arquitecto y escultor fundamental en la historia de Nápoles, donde su impronta es enorme.

En 1799 los Cartujos fueron expulsados por los jacobinos, regresaron en 1804 para volver a ser expulsados en 1807. Por fin regresan de 1836 a 1866, año en que, con la unificación italiana el monumento pasa a ser propiedad del Estado italiano.

Fanzago se debe entre otras obras, la decoración del Gesú Novo, y sus capillas de San Ignacio y San Francisco Javier, la iglesia de San Giorgio Maiore, la decoración de la Abadía de Montecassino, la Capilla  de San Genaro en la Catedral de Nápoles, varios palacios, un buen puñado de iglesias napolitanas, dos de los tres grandes obeliscos napolitanos el de San Genaro y  el de san Domenico, y la decoración de la Cartuja de San Martino, su obra maestra.

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Para completar esta decoración Fanzago se sirvió de los primeros pinceles de NápolesRibera, Lucas Jordan, Stanzione, Caracciolo, Lanfranco y algún foráneo como Guido Reni.

Durante la primera mitad del siglo XVII se añadieron las estancias del Prior en cuya decoración intervinieron Antonio Vaccaro y Francesco Solimena .

La Iglesia de la Cartuja

La iglesia barroca tiene un pronaos con pinturas al fresco del siglo XVI que abordan numerosos temas relacionados con la historia de los cartujos, algunos curiosos como Historias de torturas infligidas a los cartujos en Inglaterra por parte del rey Enrique VIII Tudor.

La Iglesia es de una sola a nave con ocho capillas, y detrás del ábside se encuentran la sala capitular, algunas capillas adicionales, la sacristía y el coro.

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Frescos de Giovanni Lanfranco en la bóveda de la nave.

El altar es de falso mármol y madera dorada, fue diseñado por Francesco Solimena y debía servir como modelo a uno posterior en mármol que nunca llego a realizarse, por lo que el modelo provisional paso a definitivo.

El ábside se completa con obras del Caballero de Arpino, Giovanni Lanfranco, un fresco de Guido Reni y varias estatuas. Entre estas una de Pietro Bernini, el papa del archifamoso napolitano Gian Lorenzo Bernini, del cual no existe ninguna obra en la ciudad que le vio nacer.  StanzioneRibera y Caracciolo completan la decoración del ábside.

La bóveda está decorada por Giovanni Lanfranco, y las capillas laterales son todo un museo pictórico a cargo de CaraccioloStanzione y otros pintores menos conocidos. Completan la decoración una serie de doce lienzos de Profetas y Patriarcas a cargo de Ribera.

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Frescos de Caracciolo y Stanzione en las bóvedas laterales y de Ribera los lienzos

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En la zona absidial continua este esplendido museo barroco, con obras del Caballero de Arpino en algunas estancias y de Stanzione en otras. La cámara del Tesoro tiene una cúpula decorada por Lucas Jordán, y aquí se encuentra uno de los mas celebre cuadros de Ribera, la Piedad de 1637.

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La Piedad de Ribera. Autor: Sailko  This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0

La sala Capitular, el llamado Salón y otras estancias de la amplia zona absidial albergan un enorme elenco de frescos, esculturas y decoraciones de los de siempre. Caracciolo, Ribera, Stanzione, Jordan, Solimena, Vaccaro, y otros muchos. La Cartuja de San Martino es un recorrido por el arte de Nápoles desde principios del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XVIII.

Dejando la iglesia por su puerta principal, una galería nos conducirá al chiostrino o pequeño claustro, original del siglo XVI con reformas en el XVIII. Este claustro alberga un buen número de inscripciones, esculturas y escudos de los barrios de Nápoles que fueron eliminados de las calles durante las reformas urbanísticas del siglo XIX.

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Chiostrino

Desde el Chiostrino hay dos caminos posibles. El primero se sitúa a la izquierda según accedemos y nos introduce en el Pasillo de Fanzago, este actúa como conexión entre el Claustro grande y el chiostrino, comunicando con la Iglesia, y el cuarto del Prior.

Claustro Grande de Dosio y Pasillo de Fanzago.

El claustro grande es del mismo arquitecto que el chiostrino, Giovanni A. Dosio aunque reformado por Fanzago. El arquitecto bergamasco realizo los grandes bustos sobre las puertas en las esquinas del claustro y la barandilla del cementerio con decoración de cráneos y calaveras.

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Regresando al Pasillo de Fanzago, las estancias adyacentes al pasillo acogen la sección de pesebres del Museo de San Martino. Entre los varios expuestos se encuentra uno que figura en las guías como el mejor pesebre de todo Nápoles, lo que en cierto modo podría significar el mejor del mundo.

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Detalle del “mejor Belen del mundo”

Museo de San Martino

Tras la sección de pesebres y de nuevo en el chiostrino, tomamos la puerta frente a la que nos sirvió de entrada principal. La primera estancia a la derecha es la capilla de la magdalena, decorada con trampantojos y con un notable lienzo de Andrea Vaccaro dedicado a la Magdalena.

Tras la capilla se inicia la parte del recorrido correspondiente al Museo. Este museo se divide en un buen número de secciones y su discurso histórico abarca desde la llegada de los borbones hasta la unificación italiana (1734-1861).

Además de la sección de pesebres ya mencionada, cuenta con varias secciones que se reparten por el antiguo cuarto del prior, la farmacia, el refectorio, las habitaciones de los cartujos, y las salas circundantes al claustro grande que albergaban la casa de huéspedes y otras dependencias.

Las secciones de este museo son;

El cuarto de carruajes.

La sección naval con especial atención a la creación de la marina napolitana durante el reinado de Carlos VII (luego Carlos III de España).

El Cuarto del Prior, que alberga en sus estancias obras pictóricas y escultóricas de la cartuja, si bien las más notables de estas obras están en museos de Nápoles o de varios lugares del mundo, como consecuencia del expolio napoleónico. Lo mas interesante es que estas estancias mantienen buena parte de su decoración en paredes y bóvedas hecha a base de trampantojos y escenas de paisajes, junto con unos esplendidos suelos de mayólica del siglo XVIII. En una esquina de la habitación del prior hay una logia que ofrece unas fabulosas vistas del golfo de Nápoles.

Museo dell’Opera con objetos de contenido histórico.

Sección de recuerdos e imágenes de la ciudad

Colección Marcello Orilia, conjunto de objetos decorativos como muebles porcelanas y abanicos de un aristócrata napolitano del siglo XIX que la dono al museo.

Gabinete de grabados y dibujos

Farmacia. Excelente estancia decorada con frescos en donde se pueden ver objetos propios de la estancia, además de un boceto del famoso Cristo Velado de Corradini, ubicado en la Capilla de San Severo.

Sótanos. Abiertos en 2015 permiten contemplar las imponentes bovedas y sus pilares del siglo XIV que sostienen la cartuja. Hoy alberga además una colección de esculturas de los siglos XIII al XVII.

Jardines colgantes. Accesibles desde una monumental escalera de Fanzago que parte de las habitaciones del prior. Se conforman en terrazas sucesivas en diferentes niveles y ofrecen una maravillosa vista del golfo de Nápoles, ademas de ser un lugar perfecto para tomar unos minutos de descanso. Antiguamente funcionaban como huerto y viñedos de los cartujos.

Con esto termina la visita a la Certosa de San Martino, monumento ineludible para los amantes del arte, y de paso para aquellos que quieran acceder a un buen mirador de la ciudad.

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Los pintores de Nápoles.

El aficionado al arte que recorra monumentos, iglesias y palacios de Nápoles no tardara en familiarizarse con los pintores de la capital de Campania, las sucesivas visitas en su recorrido por la ciudad harán que ciertos nombres se tornen familiares.

Caravaggio solo estuvo un año en Nápoles (1610) y en la actualidad apenas tres obras del artista quedan en Nápoles, las Siete Obras de Caridad del Pio Monte de la Misericordia, la Flagelación, del Museo Capodimonti y el Martirio de Santa Úrsula en el Palacio Zevallos Stigliano, pero su impronta fue enorme.

Los precursores de la gran escuela barroca napolitana fueron los pintores Fabrizio Santafede y Belisario Corenzio, pero los grandes seguidores de Caravaggio, fueron Caracciolo, y José de Ribera, “El Spagnoleto”. Estos dos junto con Corenzio formaban una cuadrilla encargada de hacer “entrar en razón” a los pintores foráneos que aparecían por Nápoles con la intención de obtener encargos. Es el caso del ayudante de Guido Reni, que fue asesinado por orden de Corenzio, y Reni “entro en razón” y se fue a Bolonia.

Sin duda Ribera es de largo la figura dominante de la pintura napolitana de la primera mitad del siglo XVII, sus casi 40 años en Nápoles al servicio de los Virreyes y la Iglesia han dejado un enorme catalogo de obras, y todas las principales iglesias napolitanas cuentan con obras del pintor de Xátiva, algunas en lugar preponderante como San Martino o la Capilla de San Genaro. El taller de Ribera formo a la gran mayoría de los pintores napolitanos de la segunda mitad del XVII. A pesar de su magisterio, Ribera es casi el único pintor que no cultivo el fresco.

Si en algo se caracteriza la pintura barroca napolitana es en sus grandes pintores al fresco. Los hermanos Fracanzano salieron del taller de Ribera, y han dejado murales en San Martino y San Gregorio ArmenoFinoglia otro pupilo de Ribera tiene obras en San Martino.

No obstante en la pintura al fresco Massimo Stanzione es la figura dominante durante los años centrales del siglo XVII. La capilla de San Mauro, la Basilica del Gesú Novo y la inevitable Cartuja de San Martino albergan sus mejores obras. Junto a Stanzione, en esta época destaco el también arquitecto Domenico Antonio Vaccaro.

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Frescos de Lucas Jordan en la Cartuja de San Martino. This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0

En la segunda mitad del siglo XVII, surge del taller de Ribera el más afamado de los muralistas napolitanos. Lucca Giordano, llamado Lucas Jordán en España. Famoso por la rápidez con que ejecutaba sus encargos. Ha dejado una obra inmensa en Nápoles, destacando la Basílica del Gesu Novo, los Frescos de San Martino, o los 52 cuadros de San Gregorio Armenno.

En la última década del siglo XVII, su fama le llevo a la corte de Madrid. Además de los cuadros de El Prado y Patrimonio Nacional, en Madrid dejo los frescos de la escalera del Claustro del Monasterio de El Escorial, la bóveda de la iglesia de San Antonio de los Alemanes, y la alegoría del Toison de Oro en el Casón del Buen Retiro, junto con frescos en el Alcázar de los Austrias, que se perdieron en el incendio.

Ya en el cambio de siglo sobresale Francesco Solimena, quien por su estilo es ya un pintor rococó más que barroco. San Paolo MaggioreSanta Ana de Lombardia son lugares para contemplar al pintor, y como no, el Gesú Novo y la Cartuja de San Martino. Solimena vivió hasta 1747 y llego a trabajar para la decoración del Palacio Real de Caserta.

Por ultimo uno de los más grandes pintores al fresco de toda la ciudad es Giovanni Lanfranco, un pintor Parmesano que logra instalarse en Nápoles. ¿adivináis donde hay que ir para verlo? Correcto, al Gesu Novo o La cartuja de San Martino.

Comunicaciones desde Vomero.

Retomando el paseo por las calles de Vomero, regresamos al funicular en Piazza Fuga, que nos sitúa de nuevo en la bulliciosa Via Toledo, desde aquí estamos a un paso de otra de las zonas más históricas y monumentales de Nápoles.

Existen otras opciones como la estación de funicular Cimarosa, que nos deja en la estación Corso Vittorio Emanuele, lugar ideal si nos dirigimos al elegante barrio de Chiaia, el barrio pijo de Nápoles.

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Vista de Chiaia y su puerto deportivo.

El tercer funicular es el de Montesanto, ideal si se desea regresar al casco histórico de Nápoles, pues te deja en la Plaza Dante. Ademas esta el Metro, pues la parada Vanvitelli, muy cerca de Piazza Fuga conecta con la línea 1, principal línea del metro napolitano que une los lugares más céntricos.

Continuación: Nápoles (IV); De Piazza Plebiscito a San Severo.

 

Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

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