Scappanapoli, viaje a la Historia de Nápoles…y España (II)

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Recorriendo Spaccanapoli.

Tras la visita a San Gregorio en el post precedente llegamos al decumano inferior, llamado Spaccanapoli, la otra calle más transitada del centro histórico de Nápoles junto a Via Tribunali.

La Via San Gregorio desemboca en el tramo de Spaccanapoli llamado Via San Biagio dei Librai, por ser lugar de establecimiento del gremio de libreros, tradición que aún mantienen algunos locales. Aquí tenía su tienda Antonio Vico padre del filosofo y erudito napolitano Giambattista Vico. La otra parte del nombre procede de la pequeña iglesia de San Biagio aquí situada.

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Viviendas humildes, pero con puertas palaciegas.

Como todas las grandes calles del centro está repleta de portentosos palacios del XVI y XVII, con sus enormes puertas de cuatro o cinco metros de altura. Hoy poseen un cierto aire decadente y abandonado que los hace aún más atractivos.

La Via San Biagio termina (o empieza) en un diminuta plazoleta que precede a la Piazetta Nilo, en ella hay una estatua helenística que representa al río africano.

La explicación es que en esta zona durante la época clásica se asentaron numerosos egipcios procedentes de Alejandría, a cuales los napolitanos llamaban “Nilese”. Y los alejandrinos erigieron esta estatua en recuerdo de su lugar de origen.

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Poco sabemos de las vicisitudes de la estatua, pero en el siglo XII no tenia cabeza, y se colocó en la esquina de un palacio napolitano. La pista se perdió nuevamente hasta el siglo XV, en que el viejo palacio alto medieval fue demolido para construir el Palacio Pignatelli, que hoy domina la plazuela e incorpora los pórticos del palacio precedente.

En 1657 la estatua se restauró y se le añadió la cabeza de un hombre barbudo, el brazo derecho, la cornucopia, la esfinge, el cocodrilo y los “putti” (niños que representan afluentes del Nilo), situando la estatua sobre una base. Durante el siglo XVIII y XIX fue sometida a otras restauraciones que casi implican una total reconstrucción, por lo que es difícil discernir que queda del origen helenístico, si es que queda algo.

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En la Segunda Guerra Mundial se robaron dos de los tres putti y la esfinge. Esta última apareció en Austria en el 2013, gracias a ello se inicio una nueva restauración que incorporo la esfinge y fue inaugurada en el 2014.

Justo frente de la estatua se encuentra otro pequeño hito turístico, el Bar Nilo, fotografiado y frecuentado por poseer un altar dedicado a el culto y glorificación de Diego Armando Maradona.

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Tras la plazuela, la calle se ensancha formando la Piazetta Nilo, presidida por la Iglesia de Sant ‘Angelo a Nilo.

Esta Iglesia no es ni mucho menos la más interesante de Nápoles y no ocuparía puesto destacado en las guías turísticas y artísticas de la ciudad de no ser por la tumba del Cardenal Reinaldo Brancacci.

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Iglesia de Sant ‘Angelo a Nilo

El sepulcro de Reinaldo Brancacci es una magnífica obra del Renacimiento florentino realizada entre 1426 y 1428 por Donatello y Michelozzo. Estos alquilaron un taller en Pisa por su mayor cercanía a las minas de mármol de Carrara y al mar, con el fin de trasladar la obra a Nápoles. La soberbia obra escultórica mide 11,6 metros de altura y cuenta con columnas capiteles, medallones, relieves y cariátides. No se sabe que parte salió del cincel de Donatello y cual de Michelozzo pero parece obvio que las cariátides y relieves son obra de Donatello y el entramado arquitectónico sería atribuido a Michelozzzo.

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Tumba del Cardenal Reinaldo Brancacci – Dominio Publico. trabajo de Pinotto992

En una ciudad barroca como Nápoles, esta es sin duda la gran obra del Renacimiento. La Iglesia es originariamente del siglo XIV, pero su aspecto es de principios del siglo XVIII. Es de acceso es libre y están prohibidas las fotografías.

Piazza de San Domenico Maggiore y su basílica.

Casi sin transición a la Plaza Nilo le sucede la Plaza de Santo Domingo Mayor (San Doménico Maggiore), presidida por la basílica menor que da nombre a la plaza.

La Plaza cuenta con un gran obelisco iniciado en 1656 como exvoto dedicado a Santo Domingo para protección de las plagas.

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La Iglesia de Santo Domingo el Mayor es un complejo gótico realizado por el monarca angevino Carlos II entre 1282 y 1324. El templo como todo en Nápoles, ha sufrido innumerables reformas aunque mantiene su aire gótico original con tres naves, capillas laterales y gran crucero. Una particularidad es que el ábside esta orientado a la plaza, y en el cual se abrió una entrada durante el dominio aragonés.

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San Domenico Maggiore y su ábside orientado hacia la plaza.

Con Murat y sus supresiones monásticas, la iglesia perdió numerosas obras de arte pictóricas y bibliográficas, que se acrecentaron con las desamortizaciones producidas tras la unificación italiana en la segunda mitad del siglo XIX. Los bombardeos aliados completaron el trabajo.

En esta iglesia se conservaban importantes obras como la Flagelación de Caravaggio y la anunciación de Tiziano, hoy en el Museo Capodimonti o la Virgen del Pez de Rafael expuesta en El Prado ya que el Virrey de Nápoles, Ramiro Núñez de Guzmán (Virrey de 1637-1644) la trajo a España.

Las restauraciones del siglo XX reconstruyeron una buena parte del complejo como los techos, órgano, y algunas capillas.

El Museo de San Domenico Maggiore y el panteón aragonés.

A pesar de su azarosa existencia, el complejo de San Domenico Maggiore, es un Museo excepcional (Museo DOMA 5€ visita completa y 3€ con Artecard) que recorre ocho siglos de historia. El ingreso al Museo se hace desde una gran escalera mandada construir por Alfonso V de Aragón y que se incorpora al complejo monumental por el transepto de la iglesia.

Por sus estancias pasaron Tomas de AquinoGiordano Bruno o Tommaso Campanella entre otros. La fundación controlada por los Dominicos asumió el papel de Universidad de Nápoles de 1515 a 1615, y de 1701 a 1736.

La visita incluye la Sacristia, una sala de muebles y obras sacras con su pieza estrella, el Salvatore Mundi salido del taller de Leonardo Da Vinci. Otra sala de vestidos nobles y eclesiásticos que incluye ropajes de infantas y nobles de Aragón, la Sala Capitular, el Refectorio y la antigua Biblioteca, que llego a ser una de las más completas del medievo italiano.

La nómina de artistas que cuentan con obras en el museo incluye a Solimena, Ribera, Lucas Jordan, Vaccaro, Vanvitelli, Fanzago, Pretti, etc.

Junto a todo lo anterior destaca el panteón dinástico de los nobles aragoneses.

Este panteón alberga 40 tumbas reales aragonesas, todas ellas (salvo una) con sus cuerpos embalsamados y cubiertas por tejidos policromados, además de medallones con pinturas que representan a los personajes enterrados. Las tumbas están en un balcón superior de la Sacristía, lugar al que fueron trasladados en el siglo XVI para preservarlos de los incendios frecuentes.

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Las tumbas reales aragonesas de San Domenico Maggiore. (S’ha alliberat aquesta obra al domini públic pel seu autor Inviaggio.)

El único arcón vacío es el del monarca más importante, Alfonso V de Aragón (I de Nápoles). En 1671 el Virrey Pedro Antonio de Aragón obtuvo permiso de la corte de Madrid para trasladar sus restos al Panteón Real de Poblet en Tarragona.

Alfonso V (Medina del Campo, 1396- Nápoles, 1458) y el dominio aragonés en Nápoles (1443 a 1495).

Aunque Alfonso V pertenecía a la casa real aragonesa por vía materna, por parte masculina era nieto de Juan I de Castilla, por tanto un Trastamara. Su padre se convirtió en Rey de Aragón como Fernando I gracias al Compromiso de Caspe, en que valencianos y aragoneses apoyaron al candidato Trastámara en lugar del Conde de Urgell, apoyado por los compromisarios catalanes. Fernando I disfruto poco del reino pues murió cuatro años después de coronarse, en 1416.

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Dominio Publico. Juan de Juanes, Museo de Zaragoza. Cuadro idealizando al monarca, pues se realizo cien años después de su muerte, basándose en un retrato de Pisanello.

En 1416 Alfonso se convierte en Rey de Aragón  y su implicación en los asuntos de Nápoles se inicia en 1421 cuando Juana II de Nápoles le solicito ayuda ante el ataque de Luis III de Anjou. Alfonso acudió a la llamada y Juana en agradecimiento le nombro heredero del reino napolitano. Sin embargo, el enfrentamiento de Alfonso con Giovanni Caracciolo, amante de Juana II, llevo a la ruptura del acuerdo y Alfonso fue expulsado de Nápoles, habiéndose de refugiar en el Castell Nouvo hasta que una flota aragonesa vino a rescatarlo en 1423.

Tras este intento Luis III de Anjou se hace con el reino de Nápoles. En 1432 Alfonso intento conquistar Nápoles pero una gran coalición de reinos italianos junto con el Papa y el Imperio le hizo desistir.

Dos años después muere Luis III de Anjou y en 1435 lo hace Juana II, por lo que Alfonso hace un tercer intento de controlar Nápoles. En esta ocasión una escuadra genovesa vence a los aragoneses en la batalla naval de Ponza capturando prisioneros a Alfonso y sus hermanos.

Pero las frágiles y mudables lealtades que caracterizan a la diplomacia medieval y renacentista en Italia, devolvieron la libertad a Alfonso. En 1438 acomete el cuarto intento de conquista del reino napolitano, culminando el 23 de febrero de 1443 con su entrada triunfal en Nápoles, punto de partida del dominio aragonés.

Alfonso quedo deslumbrado por la populosa Nápoles, y se convirtió en un prototipo de príncipe del Renacimiento fomentando artes y ciencias. Nunca regreso a Aragón, allí quedo como regente su hermano Juan de Navarra que al morir Alfonso (1458) se proclamó Rey de Aragón, mientras que en Nápoles accedió al trono Fernando I, hijo bastardo de Alfonso, habido con su amante Giraldona de Carlino.

Fernando I será rey hasta 1494, año en que le sucede Alfonso II de Nápoles que solo será rey un año, debido a la invasión francesa. Eso lo contare más adelante.

 Basílica y Convento de Santa Clara.

A unos cien metros de la Plaza de Santo Domingo, esta la Piazza del Gesú Novo, y su primer edificio visible es el Campanile de la enorme Basílica de Santa Clara. El templo más grande de Nápoles, por encima de la Catedral. Construido por los angevinos entre 1310 y 1340 sobre unas termas romanas. La visita al templo es libre, y la sensación que se tiene después de haber visitado tanto templo barroco es de sencillez y paredes vacías.

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El Campanile separado de la Iglesia, un rasgo muy italiano.

La razón puede adivinarse al observar unas fotos expuestas que muestran el estado en que la basílica quedo tras los bombardeos aliados, y su aspecto anterior, es decir todo un despliegue barroco que no deja ver ni un atisbo del sustrato gótico original.

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Santa Chiara antes de la Segunda Guerra Mundial. Fuente: angeloforgione.com

 

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Santa Chiara tras la Guerra. Fuente: Antonello Anteo Sannino

44-santachiaraSanta Chiara hoy. Fuente Berthold Werner

Al reconstruirse tras la Guerra Mundial se recuperó su estructura arquitectónica gótica pero la decoración barroca se perdió por completo.

Hoy Santa Chiara tiene su mayor reclamo turístico en su claustro, el cual es visitable junto con el museo por 6€.  El enorme claustro a juego con la iglesia es obra de Doménico Antonio Vaccaro que lo convirtió en 1742 en un jardín con dos filas de 72 columnas octogonales unidas por bancos y que forman una cruz griega. Bancos y columnas están revestidas de azulejos con escenas vegetales.

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Claustro de Santa Chiara. © José Luiz Bernardes Ribeiro / CC BY-SA 4.0

La visita también incluye un museo con objetos relacionados con la historia de la institución, un área arqueológica con los restos de las termas romanas, y el panteón de los borbones donde descansan infantas e infantes de la rama borbónica española.

Otro interesante reclamo (para muy aficionados al arte) son los escasos restos de los frescos de Giotto. El pintor del Trecento italiano fue llamado a Nápoles por Roberto de Anjou, y realizo un ciclo completo de pinturas con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento que se perderían casi por completo a principios del siglo XVII. Durante las restauraciones y obras de los años cincuenta del siglo XX salieron a la luz restos de aquellos frescos y hoy pueden visitarse.

Piazza del Gesú Nuovo

Y por fin llegamos a la amplia Piazza del Gesú Nouvo, que además de la Basílica de Santa Clara, esta rodeada por dos solemnes palacios napolitanos, de las docenas y docenas de palacios que tiene esta ciudad.

Si bien lo mas destacado es un ex-palacio, el Palacio Sanseverino, concluido en 1470 por el Príncipe de Salerno, Roberto Sanseverino. El Palacio fue conocido como el más fastuoso y esplendido de todo Nápoles, foco de reunión de artistas e intelectuales. En 1536 acogió a Carlos V a su regreso de la campaña de Túnez, y el sarao que monto el Príncipe de Salerno para recibir al emperador es recordado en todas las crónicas de la época.

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Piazza del Gesú, con el obelisco de la Inmaculada, el campanile de Santa Chiara y la fachada almohadillada del Gesú.

En 1547 el Virrey Pedro de Toledo quiso introducir la inquisición española en Nápoles, provocando una revuelta popular que fue apoyada por Ferrante Sanseverino. La inquisición no se implanto, pero a Ferrante no le perdonaron su implicación en los hechos, y la corona le desterró y confisco todos sus bienes incluido el palacio.

En 1584 Felipe II autorizo su venta a los jesuitas, que iniciaron un proceso de conversión de palacio a iglesia, además de todo un complejo de edificios que formarían una “insula gesuitica” en Nápoles.

Del antiguo Palacio solo se salvo su inconfundible fachada almohadillada y el portal renacentista de acceso. La iglesia se finalizo en 1601, y dada su estructura palacial precedente no pudó seguir los cánones arquitectónicos que Vignola y Giacommo Della Porta habían impuesto con la soberbia Iglesia del Gesú en Roma, que serviría de modelo arquitectónico para la Compañía de Jesús hasta el siglo XX.

Las idas y venidas de los jesuitas en su fundación, las resumo de forma telegráfica.

1767, expulsión de la Compañía del Reino de Nápoles, (vienen los franciscanos).

1804, les dejan volver.

1806, Murat los larga de nuevo.

1821, venga hombre, volver otra vez.

1848 ¡fuera de aquí!

1849, que no, que no, que era una coña, podéis volver.

1860, entra Garibaldi en Nápoles, y se van a la calle de nuevo.

1900 regresan y por el momento ahí están.

 Desde el punto de vista artístico, il Gesú es un despliegue barroco de esos que casi necesitan gafas de sol para contemplarlo.

En el siglo XVII se construyó una cúpula cuyos frescos de Giovanni Lanfranco fueron admirados en toda Italia, pero en 1688 un terremoto provoco su caída. En 1725 se completaron las obras de la nueva cúpula, que en 1774 se vino abajo de nuevo, la actual es de 1786.

La decoración de la iglesia es imposible describirla y excede de la intención de este post. Decir que es de cruz griega, posee diez capillas, dos de ellas alineadas con el ábside.

Todos los grandes pinceles de Nápoles han dejado su huella, el inevitable José de Ribera con las pinturas del altar, la Gloria de San Ignacio y El Papa Pablo III aprueba la regla de San Ignacio. Los también prolíficos Stanzione y Lucas Jordan, este último decora toda la capilla dedicada a San Francisco Javier. La contrafachada luce el esplendido Expulsión de Eliodoro del Templo, obra de Francesco Solimena.

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Expulsión de Eliodoro del templo. Francesco Solimena.

La fachada exterior con su llamativo almohadillado en “punta de diamante” no parece que se corresponda con la suntuosidad barroca del interior. Respecto al almohadillado, este cuenta con diversas marcas y señales que han dado pie a todo tipo de teorías y conjeturas. Desde que estas esconden una partitura musical escrita en arameo para instrumentos a plectro, a la que han bautizado como Enigma, a teorías esotéricas que relacionan las marcas con símbolos alquímicos.

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La leyenda dice que la disposición de las piedras según los saberes esotéricos de la alquimia debía atraer energías positivas al lugar, pero la impericia de los constructores provoco una errónea disposición que lo que hizo fue atraer energías negativas, lo cual explicaría, las confiscaciones, destrucción del palacio, terremotos, derrumbes de la cúpula y expulsiones de los jesuitas.

Antes de abandonar la Piazza del Gesú mencionaremos el Obelisco de la Inmaculada, último en construirse de los tres existentes en Nápoles (junto al de San Domenico y el de San Gennaro) pero el más grande de ellos gracias a sus 30 metros de altura. Se erigió a instancias de los jesuitas a mediados del siglo XVIII y su emplazamiento es el mismo que ocupó una estatua de Felipe V de España construida durante su visita a Nápoles en 1705, y destruida tan solo dos años después, cuando los austriacos entraron en Nápoles y poniendo fin al dominio español.

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Abandonamos la Piazza del Gesú  y en lugar de proseguir por el Decumano inferior o Spaccanapoli, torcemos junto al Obelisco de la Inmaculada por la Calata Trinita Maggiore que desemboca en la Piazza Monteoliveto. En esta plaza hay una bella fuente de 1671 con un gallardo caballero en su parte más alta. El sujeto no es otro que el infeliz Rey, Carlos II el Hechizado, que en España no cuenta con estatua de tan bella factura y pedestal. Esta estatua es un diseño de Cosimo Fanzago.

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Piazza Monteoliveto. This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International license.

Santa Ana de Lombardia

En la Piazza Monteoliveto, se encuentra la iglesia de Santa Ana de Lombardía de 1411, en principio era una pequeña parroquia pero que pronto contó con el favor de Alfonso V de Aragón quien ordeno su ampliación. La iglesia se convirtió desde entonces en panteón de nobles e infantes aragoneses, pero de menor rango que los enterrados en San Domenico Maggiore.

Lo llamativo de esta iglesia, casi excluida de los circuitos turísticos, y solo visitada por bichos raros como yo, es que contiene la obra renacentista más importante de Nápoles, junto con el Sepulcro de Rainaldo Brancacci. Se trata de la sacristía de Giorgio Vasari, escultor, pintor y arquitecto florentino (nacido en Arezzo) aunque celebre por ser el primer historiador del arte italiano, y a quien se le atribuye la invención del término “Renacimiento”.

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Sacristía de Vasari. Fuente: Armando Mancini

Vasari estuvo en Nápoles de 1544 a 1545 llamado por el Virrey Pedro de Toledo, su primer encargo fue la decoración del refectorio gótico de Santa Ana de Lombardía, hoy llamado sacristía por haber sido reconvertido a esa función en 1688.

Continuación: Nápoles (III): Del Barrio Español a la Colina de Vomero.

 

Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

2 comentarios

  1. Hola,

    ¿Qué tal?
    Ya no más entradas en el blog? Espero que esté todo bien,
    Un abrazo de un fan que espera de forma impaciente,

    • Gracias por los ánimos, la verdad es que la vida familiar y profesional me impide atender al blog tal y como seria deseable, y esta un poco abandonado. Espero que la situación cambie y vuelva a retomarlo en un tiempo relativamente breve. saludos

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