Terrazas de arroz de Banaue Filipinas.

0
Si te gusta comparteloTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Pin on PinterestShare on LinkedInEmail this to someone

Terrazas de arroz de Banaue. Filipinas

  Aunque el archipiélago filipino presenta como principal atractivo turístico, la interminable lista de playas paradisíacas que albergan sus más de 7000 islas. Existen otros alicientes, como su pasado colonial español, o las famosas terrazas de arroz en las cordilleras de la provincia de Ifugao.

  Estas terrazas son uno de los paisajes más emblemáticos de Filipinas, , declarados Patrimonio de la Humanidad en 1995.

Vista de las terrazas de arroz de Ifugao en Luzón. Filipinas

Vista de las terrazas de arroz de Ifugao en Luzón. Filipinas

  Con aproximadamente 2000 años de antigüedad fueron construidas por las tribus de Ifugao y suponen una gran obra de ingeniería si nos atenemos a los medios que presumiblemente disponían. Se pueden considerar un ejemplo perfecto de sostenibilidad y aprovechamiento del entorno sin alterarlo.

  Actualmente aun cumplen funciones agrícolas, fundamentalmente como arrozales. Pero la realidad es que se encuentran en peligro y sufren numerosas fracturas siendo el propio turismo uno de los principales agentes dañinos.  La razón es que muchos locales han desviado su actividad tradicional en el campo por otras enfocadas al turismo, como la reproducción de utensilios y artesanía local. O bien han abandonado la región en busca de las luces de Metro Manila. Una emigración del campo a la ciudad, que provoca las inmensas barriadas de infraviviendas que rodean la capital filipina. Todo ello genera unas terrazas de arroz claramente infrautilizadas.

 A pesar de las dificultades siguen siendo un paisaje espectacular y de gran belleza que desde luego merece una visita.

Antes de entrar en el anfiteatro de Batad

Antes de entrar en el anfiteatro de Batad

 Así lo juzgo Peter Weir en “El año que vivimos peligrosamente” donde Mel Gibson se recupera tras esconderse de las fuerzas policiales del dictador indonesio Suharto (Filipinas es el escenario de una supuesta Indonesia). Y también los responsables del Metro de Madrid a la hora de promocionarlo, como tal vez recuerden los madrileños. Aquella campaña llamada “El Metro que toda ciudad quisiera tener”.

 Con sus 1500 metros de altura y más de 10 km² de montaña, los ifugaos llaman a este paisaje “Escalera hacia el cielo”, y si vas muy cargado a la hora de subirla puedo dar fe que en algún momento pensé que la escalera era al infierno.

Una visita obligada en Filipinas

 Cuando mi pareja y yo viajamos a Filipinas, la planificación del itinerario se centro primordialmente en playas y turismo de buceo, además de la visita a la propia ciudad de Manila. Pero decidimos invertir dos o tres días en los famosos arrozales de Banaue, en la provincia de Ifugao.

  Para no restar tiempo a la “playa”, optamos por viajar de noche para llegar a Banaue al amanecer, pasar allí una noche y al día siguiente regresar también viajando de noche, es decir dos días, tres noches y un ahorro de dos pernoctaciones.

Llegar a Banaue

 El día de salida además de seguir explorando la ciudad de Manila nos dejamos caer por la estación de autobuses de Cubao donde adquirimos los billetes para Banaue con salida a las 10 de la noche, por un precio de unos seis euros por persona. En teoría era el mejor autobús posible, es decir con aire acondicionado y “derecho”. Esto último significa que va “derecho” a su destino, es decir sin paradas aunque la afirmación no es realmente cierta y ha de interpretarse como “con unas pocas paradas”.

 Aquí va mi primer consejo especialmente para frioleros/as. Si usaron un término castellano (derecho) para referirse a trayecto sin escalas, podían también haber empleado el término “nevera” para referirse al aire acondicionado. En algunos países tropicales cuando ponen el AC lo ponen de verdad. Y un viaje nocturno con indumentaria tropical y AC a 14 grados o menos, bien podía incluir una mantita como cortesía. Así que poco a poco tras unas primeras paradas, el sueño venció al frió y tras ocho horas de viaje llegábamos a Banaue.

 Banaue no tiene mayor interés, es simplemente el punto de partida de los trekkings a las terrazas de arroz, por lo que aquí se encuentran varias agencias, restaurantes, albergues, etc.

Contratar un trekking a las terrazas de arroz

  Una vez allí nos dirigimos a la “tourist office”, una espartana habitación con lo mínimo. Preguntamos por las diversas opciones de trekking, un día, un día una noche, dos noches, etc. En el lugar encontraban dos mochileros, un joven vienes para el cual este viaje era nada mas y nada menos que su primera salida de Austria. Vamos que no le dio por empezar con Munich, o Venecia que las tiene al lado. Y un menos joven donostiarra que ejercía la profesión de cocinero seis meses al año y la de viajero los seis restantes.

Trekking en las terrazas de arroz

Trekking en las terrazas de arroz

 Lo lógico era que los cuatro hiciéramos la misma excursión. Y hubo muy poco que dirimir pues todos deseábamos la excursión de un día con una noche. La salida se efectua de inmediato por lo que es necesario adquirir alguna provisión para la comida. Estaríamos toda la jornada de trekking, y a la tarde llegaríamos a Cambulo. Un pequeño pueblo en el interior de las cordilleras de arrozales. Allí una vecina nos proporcionara alojamiento, cena y desayuno. Al día siguiente llegaremos a Banaue antes de la hora de comer.

Los inevitables jeepneys, un icono de Filipinas

Los inevitables jeepneys, un icono de Filipinas

  El primer tramo se hace en jeepney hasta un lugar cercano al anfiteatro de Batad, una vez alli comienza una jornada de trekking y al día siguiente tras el desayuno en Cambulo se inicia un trekking d con diversas paradas hasta las primeras horas de la tarde. La jornada del día siguiente es de unas cuatro o cinco horas hasta un punto en el que te espera otro jeepney que te dejara en Banaue. Todo por unos 50$ americanos para dos personas. Por último se puede dejar en la tourist office todo el equipaje que no sea imprescindible, mi consejo es ir con el mínimo posible de peso. Un tentempié, un cambio y agua.

El anfiteatro de Batad

El impresionante anfiteatro de Batad

El impresionante anfiteatro de Batad

  En un poco más de una hora el jeepney nos dejo junto a algunas casas con terraza en lo alto de un cerro. Tras el pequeño ascenso tanto desde el propio camino como desde las terrazas de estas casas se ve la más famosa de las “postales” de estos arrozales. El gigantesco anfiteatro de Batad sin duda el punto más fotografiado de toda la región de los arrozales. Tras las oportunas fotos y contemplación del paisaje comenzamos un descenso de más de una hora caminando por los bordes de las terrazas y descendiendo poco a poco cada muro de las mismas. Un agradable descenso no por su comodidad sino más bien por la belleza del escenario.

 Al fondo se encuentra el pequeño pueblo de Batad. Alguien sugirió una pequeña visita al pueblo pero el guía nos respondió que éste se encontraba de luto por la muerte de un vecino y no sería de buen gusto acceder al mismo. Sospecho que la visita a Batad no está en el plan del guía y este no tiene intenciones de variar su hoja de ruta.

 En cambio justo antes de entrar a Batad, un pequeño sendero se adentra en un verde y frondoso cañón, al fondo del cual aguarda una de las más agradables experiencias que para mí deparó este viaje a Filipinas.

Un rincón paradisíaco

Descenso hacia las cascadas de Batad

Descenso hacia las cascadas de Batad

  Un salto de agua de más de veinte metros de altura cae sobre un pequeño lago o recodo del río. No lo esperábamos pues no te lo dicen.

 Se perfectamente que por esta cascada habrán pasado nueve mil millones de mochileros, turistas y hasta sus mascotas, pero la sensación de que en ese momento, las cinco que allí nos encontrábamos éramos las únicas personas que conocían la existencia de tan recóndito y maravilloso lugar era de lo más real.

Un instante inolvidable. La cascada de Batad

Un instante inolvidable. La cascada de Batad

 Mire durante unos instantes al vienes y al donostiarra y todos parecimos leernos el pensamiento, “al agua patos”. No recuerdo haberme dado un chapuzón tan agradable en mi vida y más de un grito hubo de pegar el guía para lograr sacar a los bañistas de su paradisiaca piscina. Que ya quisieran lodges, hoteles de piscinas infinitas, piscinas chorras, toboganes y demas tonterias.

¿te gusta viajar?

¿te gusta viajar?

  Tras el baño regresamos sobre nuestros pasos al anfiteatro de Batad, y una vez allí comenzamos el ascenso a una de las esquinas del anfiteatro por una especie de escalera que forman los propios muros de las terrazas, y en la que cada escalón tiene entre sesenta y ochenta centímetros de alto. Es aquí donde si uno va muy cargado el “starway to heaven” puede tornarse en “starway to hell”. Una subida razonable para alguien medianamente en forma y ligero de equipaje, pero francamente dura si llevas mucho peso, y como mi equipaje era el de dos personas hube de sufrir las consecuencias. Al menos la vista desde arriba es reconfortante mientras descansas.

Descanso tras el ascenso al anfiteatro de Batad

Descanso tras el ascenso al anfiteatro de Batad

Llegada a Campulo, cena, música y alojamiento.

 Tras la escalada comienza un camino en dirección al poblado de Campulo. La  primera mitad del camino discurre por un espeso sendero que casi no deja ver paisaje alguno, mientras que la segunda parte permite algo más de visión, para desembocar en el tramo final a un pequeño cañón donde se encuentra Campulo. Esta parte es muy bonita pues el ultimo kilómetro lo haces caminando por los bordes de los propios arrozales. En total poco más de dos horas de camino.

Al fondo nuestro destino, Campulo.

Al fondo nuestro destino, Campulo.

 A Campulo se llega lo suficientemente temprano como para dejar el equipaje en la cabañita que nos servirá de albergue y acercarse al río que cruza el poblado a darse un segundo chapuzón y cruzar su pintoresco puente colgante.

Llegando a Campulo por los bordes de los arrozales

Llegando a Campulo por los bordes de los arrozales

 Así transcurre una placida tarde mientras la “paisaniña” (diría un gallego) nos va preparando la cena compuesta por chivo y abundante yuca. No es el mejor manjar pero la jornada ha generado hambre apta para cualquier vianda.

Puente colgante en Campulo

Puente colgante en Campulo

 Tras la cena una agradable tertulia a la luz de la luna hasta que el sueño nos llama a nuestra habitación, Morfeo no obstante no llamo al guía, más acostumbrado a estos trotes. Éste se quedó en el umbral de la cabaña. Ni corto ni perezoso cogió su guitarra afino un poco y empezó a cantar…¡country!

Niños en Campulo

Niños en Campulo

 Esto en marketing es lo que se viene llamando descontextualización. Es como si visito una tribu masái  en Kenia y de repente uno de los guerreros se descuelga con un fandango de Huelva. Lo cierto es que en Manila e incluso en Banaue no es difícil encontrar bares o disco bares donde se anuncia que la música del local es “Country Music”. La influencia norteamericana es grande y tal vez la presencia en el pasado de numerosas tropas norteamericanas ha dejado una cierta impronta en los gustos musicales. En cualquier caso asomarte a la ventana de tu pequeña guardilla y contemplar el húmedo paisaje con banda sonora de Dolly Parton es un cocktel algo extraño.

Vuelta a Banaue

  Al amanecer nuestro “vaquero filipino” nos pone en marcha con celeridad, pues hay que calcular el tiempo para llegar al lugar donde nos debe esperar un jeepney destino Banaue.

 El camino de vuelta es largo, cinco horas pero no se hace pesado en lo absoluto. Las vistas son esplendidas y salvo una pronunciada cuesta durante la primera media hora, el resto transcurre en llano o bajada. Al llegar a Banaue aún queda medio día para deambular por la ciudad hasta que salga el autobús de regreso a Manila.

Camino de regreso a Banaue.

Camino de regreso a Banaue.

 Esta tarde libre en Banaue es muy apropiada para aquellos con intereses en los recuerdos y artesanía local. Este es el momento de comprar algo, pues si se opta por “esperar a Manila para las compras” os llevaréis el grato recuerdo de que esa bonita artesanía que querías para el recibidor de tu casa, cuesta en Manila cuatro veces más que en Banaue.

 Nuestros amigos el vienes y el donostiarra continuaban hacia el otro punto turístico más concurrido de este área de Luzón. Sagada. Lugar conocido por sus cuevas en las que abundan los famosos ataúdes colgantes. Nosotros no fuimos pero podéis ver información al respecto en el magnífico blog de dos viajeras llamado viajesconmochila.

Los ataúdes colgantes de Sagada

Los ataúdes colgantes de Sagada

 El viaje a las terrazas de arroz de Banaue concluye así. Pues como ya mencione al principio de la entrada, nuestro periplo filipino se orientaba al mar, pero este paréntesis interior fue indiscutiblemente un acierto y una extraordinaria experiencia.

Si te gusta comparteloTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Pin on PinterestShare on LinkedInEmail this to someone

Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

Comentarios cerrados