Ratisbona, el atardecer junto al Puente de Piedra.

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Ratisbona, joya medieval a la orilla del Danubio.

Una ciudad patrimonio de la Humanidad.

En un viaje en coche camino de Viena, y procedente del centro de Alemania, la tarde comenzaba a caer. Como no tenía prisa, cuando vi la indicación de Regensburg, (Ratisbona, para nosotros) recordé que la misma figura en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Por tanto merecía un breve descanso en el camino.

La suerte quiso que fuera la hora del atardecer, y eso siempre se agradece. Especialmente en ciudades con buena fotogenia como fue este caso.

Ratisbona, el atardecer junto al Puente de Piedra.

Ratisbona, el atardecer junto al Puente de Piedra.

El Danubio.

La histórica y bella ciudad de Ratisbona no está atravesada por cualquier río, sino por el Danubio, que aquí llega aún en su juventud. Uno de esos ríos que marcan la historia de Europa.

Frontera del Imperio Romano y los “barbaros” durante muchos siglos. En muchos tramos frontera con los turcos, y aquí en estas tierras de Alemania, frontera de católicos y luteranos, y punto de conflicto religioso. Conflicto que tanta sangre vertió en su caudal durante los siglos XVI y XVII.

A los grandes ríos, la historia siempre les da grandes tareas.

Una ciudad medieval con un rico pasado.

Ratisbona destaco como gran centro comercial durante la Edad Media, y de aquí procede su patrimonio monumental. Patrimonio creado por rutas comerciales, que se daban cita en una ciudad ubicada en una zona muy “céntrica” de Europa.

Ya hubo asentamientos celtas, pero es Roma quien fundara en el 179 d.c. la ciudad como Castra Regina. Campamento militar y base de las campañas de Marco Aurelio. Luego capital de la provincia de Recia. Y tras Roma nació el Ducado Bávaro, pronto controlado por Carlomagno.

Fue convertida en obispado en el 734 por el santo y mártir inglés Bonifacio, conocido como “el apóstol de los alemanes”.

Con Luis El Germánico se convirtió en el centro político de la llamada Francia Oriental, producto del tratado de Verdum que dividió el imperio carolingio en el año 843.

Las Dietas Imperiales de Ratisbona.

Este hecho, es el germen de su futura importancia en la historia del Sacro Imperio Romano Germánico. En el año 976 Oton II convoco aquí la Dieta Imperial. Pero no volvió a convocarse hasta 1532 por Fernando I Rey de Romanos (hermano de Carlos I de España y V de Alemania).

Mas trascendente, aunque inútil, fue la Dieta convocada por Carlos V en 1541 para tratar de salvar la unidad religiosa del Sacro Imperio. La conferencia fue un fracaso sobre todo por el empeño de Roma en que así fuera.

A partir de 1557, salvo algunas Dietas convocadas en Augsburgo y Spira, todas las Dietas imperiales fueron en Ratisbona, hasta el fin del Sacro Imperio en tiempos de Napoleón.

Después de la Dieta de 1541, Carlos V volvió a pasar por Ratisbona en 1546. Entonces tuvo un rollito con una joven burguesa de la localidad. Barbara Blomberg. Fruto de esta aventura fue el pequeño “Jeromín”, futuro Don Juan de Austria, que fue reconocido por el Emperador como hijo natural e inmediatamente enviado a España.

El Puente de Piedra.

Volviendo a la agradable tarde en Ratisbona, el paseo nos acerca por la orilla del Danubio, hacia el Puente de Piedra (Steinerne Brücke). Este puente une el casco antiguo de Ratisbona con el barrio de Stadtamhof. Con sus 16 arcos es el puente entero más antiguo de Alemania. Construido entre 1135 y 1146 tiene más de 300 metros de longitud.

Ratisbona, Puente de Piedra sobre el Danubio.

Ratisbona, Puente de Piedra sobre el Danubio.

Almacén de la sal.

En el extremo que da paso al casco antiguo de Ratisbona se encuentra el almacén de la sal (Salzstadel) adosado al Puente de Piedra entre 1616 y 1620.

Como su nombre recuerda, es prueba del intenso comercio de la sal que se llevó a cabo en esta ciudad. Hoy está plenamente rehabilitado y se alquila para la celebración de eventos.

Vista parcial del almacén de la Sal en Ratisbona.

Vista parcial del almacén de la Sal en Ratisbona.

La Catedral de San Pedro.

El otro edificio más reseñable de la ciudad es su Catedral, testigo del poder de la iglesia en la católica Baviera. Sus dos enormes y esbeltas torres sobresalen en el perfil de la ciudad. Es un edificio gótico, si bien con numerosos añadidos neogóticos del siglo XIX, siendo rey Luis I de Baviera.

La Catedral de San Pedro en Ratisbona.

La Catedral de San Pedro en Ratisbona.

Ratisbona está repleta de bellas plazas y calles impregnadas de aire medieval, y por supuesto excelentes cervecerías, para eso estamos en Baviera. Lástima que solo fuera un alto en el camino, pues la ciudad merece como minimo un dia completo.

Pero al menos el atardecer es para siempre. Porque a los que no les gusta viajar, se olvidan del momento, y a los que nos gusta lo guardamos para siempre.

Ratisbona, el atardecer y la Catedral.

Ratisbona, el atardecer y la Catedral.

 

Situación de Ratisbona.

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Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

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