Varanasi, Benarés o Kashi la luminosa. Intemporal, absorbente

2

Kashi, Benares, Varanasi. La ciudad irreal.

 1ª Parte

   Al inicio de este pequeño diario, comentaba que si un genio maligno hubiera salido de una lámpara y me hubiera dicho que solo podría visitar un país en mi vida, mi respuesta hubiera sido La India. Pero si ese genio maligno fuera aun mucho más maligno y contestara, “podrás ir a La india, pero solo a una ciudad de La India” entonces no tendría más remedio que contestar que mi elección es Varanasi, también conocida como Benarés o Kashi.

   Varanasi o Benarés y para los devotos, Kashi La luminosa. Una ciudad que abraza una media luna del sagrado rio Ganges, al cual acaricia mediante sus numerosas escalinatas llamadas ghats, donde se concentra  la mayor expresión de la religiosidad india.

 Varanasi es una de las ciudades mas antiguas de la humanidad permanentemente pobladas, ubicada en un tirtha,  o cruce sagrado en el cual los devotos acceden a lo divino y los dioses a lo humano.

 La vida y la muerte van de la mano en Varanasi y los devotos acuden a la ciudad como lo hiciera Buda, Mahariva (fundador del jainismo)  y el reformador hindú Adi Shankara.

 Van de la mano pobres y ricos, sadhus, peregrinos, Sanniasins, viejos, mujeres, y hasta niños. Todos hacen sus abluciones en el sagrado Ganges, no muy lejos de donde las columnas de humo ascienden hacia el Nirvana, simbolizando la liberación de las almas del ciclo de muerte y reencarnación llamado Samsara.

Varanasi es el Aleph de La India.

Gahts de Varanasi

El Ghat de Dasahwamedh

 Retrocedamos un poco

 Aquellos que siguen la narración de este viaje, se preguntaran, ¿si estábamos en Leh?, ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Pues bien he saltado cuatro días por ser el itinerario identico al ya comentado en anteriores post.

 Vuelta hacia Manali por la gran carretera ya descrita en otra entrada. En esta ocasión solo dos incidencias que recordar. A la bajada del tercer puerto tras cruzar el Tangla La el alma se nos pone en vilo, el autobús ha derrapado al borde de un precipicio y el chófer tal vez por el susto lo ha detenido con algunos centímetros de la rueda asomando por el barranco. Dos turistas japoneses se ponen nerviosos y se apresuran a bajar del autobús, hasta entonces todo el mundo estaba tenso, pero calmado, sin embargo el pánico es contagioso y la actitud de los japoneses enseguida encuentra seguidores, por lo que en cuestión de un minuto todos nos hemos apeado del autobús. Aprovecho para hacerme esta foto.

Leh Manali Road

Carretera de Leh a Manali

 El otro incidente es casi llegando a Manali, tan solo restan 3 kilómetros cuando el autobús se para y nos comunican que aquí termina el viaje pues la carretera esta “cortada”.

 ¿Cortada? Más bien desaparecida. La lluvia ha provocado un inmenso socavón que se ha tragado un trozo entero de carretera. No queda más remedio que coger la mochila y ascender por una fangosa ladera (bendito Gore-tex) y tras un complicado sendero creado por los viandantes llegamos al otro lado del socavón donde nos esperan varios rickshaw atentos a la oportunidad de negocio que les brinda el incidente.

 Transcurrió un día y medio en Manali haciendo vida hippie en los psicodélicos garitos de este Ko Samui versión Himalaya. El segundo día tomo un autobús directo a Nueva Delhi, su salida prevista a las 15:30 de la tarde se retrasa una hora y sale a las 16:30, a las 20:00 se detiene más de media hora en una dhaba para cenar y después continua su viaje bajo una intensa lluvia que dificulta mucho el conciliar el sueño debido a las numerosas goteras del autobús. Este llega a Nueva Delhi hacia las 6:30 de la mañana tras 14 horas de incomodo viaje.

Transporte a Varanasi desde Nueva Delhi

 Tomo un rickshaw a New Delhi station y espero que abran la oficina turística para comprar tres billetes de tren de una tacada. La ida a Varanasi este mismo día 17 de Agosto, su regreso a Nueva Delhi el 20 y un posterior viaje a Udaipur el día 22. Considero que tres viajes en “sleeper” puede ser mucha marcha, pues los trayectos a Varanasi son de 18 horas y el de Udaipur de 22 horas por lo tanto decido hacer el primer trayecto a Varanasi en “Second Class A/C” por 1200 rupias, unos 15 €. Un fortunón para los varemos mochileros en la India.

 Hoy el precio es de unas 150 rupias, poco más de 18 €, el billete de vuelta en sleeper costó 275 rupias (3,5€) y actualmente oscila entre 400 y 500 rupias es decir un par de euros más. Vamos que si no fuera por el avión, ir a La India sería más barato que darse un paseo por la Puerta del Sol.

 Existen varios expresos, los más rápidos son de doce horas de duración.

 El Shiv Ganga Exp o el Swatantrta S Expres (12 horas), Shramjevi N Exp (13 horas) Lichchavi Exp (16 horas) Kashi V Express y Farkka Express (17 horas) más Sadbhavna Exp (18 horas)

 El Lichchavi fue mi tren con salida a las 15:10 pm y llegada prevista a las 6:30 de la mañana siguiente. Como era de suponer en el Second class A/C abundan los hombres de negocios indios y no sé si por el precio “alto” o por cuestión de fechas o temporada calculo que no va ocupado más del 30 %. Mi compartimiento va vacío, solo una mesita desde la que escribo el diario que ahora mismo estoy transcribiendo.

 El paisaje verde húmedo es realmente bucólico, con sus numerosos búfalos, algún que otro mono y campesinos cultivando la tierra. Una belleza que se esfuma de inmediato en cuanto nos acercamos a núcleos de población. Aquí la miseria y el chabolismo toman el relevo, mezcladas con las inevitables vacas y cebús que se descubren en el más insospechado de los rincones.

 Es un momento de relax y tranquilidad, ahora pienso que se terminó el clima fresco y saludable del Himalaya, y los hoteles decentes y acogedores de Ladakh. Mañana me daré de bruces con una de las más insalubres pocilgas del mundo, pero también uno de los espectáculos espirituales más sobrecogedores de la tierra, llevo muchos años soñando con conocer a Kashi La luminosa, es un sueño cumplido.

Calle de Varanasi

Foto Riccardo Romano. Lic CC by-nc-nd 2.0

 La llegada a Varanasi te sumerge de inmediato en la vorágine de esta urbe, docenas de indios acosándote para que tomes su ciclorickshaw, y una humedad insoportable que provoca que cualquier actividad física te trasforme en una fuente humana. Repaso la Rough Guide para seleccionar un alojamiento y veo como llueve sobre la guía. Es mi sudor.

Alojamiento en Varanasi

 Dos son las opciones. Si deseas una inmersión absoluta en la ciudad. La zona de Godaulia, más concretamente Vishwanatha, es lo que podríamos decir “droga dura”, apta para los muy aclimatados, en sus estrechas y mugrientas callejuelas abundan las casas de huéspedes a precios irrisorios, muchas de ellas de difícil acceso o simplemente inaccesibles durante el monzón.

Alojarte en este barrio te garantiza una genuina experiencia india, tu veras si lo puedes soportar.

 La otra opción es la zona conocida como Cantonment en los alrededores de la estación de tren, separada del centro, es mucho más tranquila y muy demandada por los viajeros que desean un lugar para descansar alejado de la efervescencia del centro y sus efluvios. Esta fue la zona en la que yo me aloje, concretamente en el UPTDC Tourist Bungalow.

 El hotel tiene un aspecto de tiempo detenido en la década de los 60 o 70, con dos patios y jardines es bastante acogedor.

 La habitación es toda una Suite Imperial con Televisión, teléfono, cortinas estampadas, mobiliario colonial, acabados en madera, luz individualizada, servicio minibar en forma de termo y decoración a base de humedades, que perfectamente podría haber firmado Jackson Pollock. Todo ello puede apreciarse en la foto, tan solo les falto que la almohada fuera viscoelastica pero preferí no presentar una queja por este fallo.

UPTDC Tourist Bungalow

La suite Imperial con todas las comodidades

 Tras tomar una de esas simpáticas duchas de la India en la cual 30 segundos después de secarte estas sudando igual que antes de la ducha, me lanzo de cabeza a visitar Goudalia, y poder visionar por primera vez el Ganges.

Varanasi inmemorial. Historia legendaria y real.

Celebre es la frase del incansable viajero y escritor Mark Twain;

  Benarés es más antigua que la Historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas, y parece el doble de antigua que todas juntas.

 Su actual nombre se ha tomado del Mahabarata y puede que provenga de los ríos cercanos Varana y Asi, pero para muchos sigue siendo Benarés, y para los peregrinos Kashi nombre del reino en que Buda dio su primer sermón, y significa ciudad de la luz o la luminosa, también Kashika, (la resplandeciente), Avimukta (la nunca abandonada), Anandavana (el bosque de la dicha), Rudravasa (el lugar donde reside Shiva).

 La vinculación de la ciudad con Shiva se debe a que este se casó con Parvati, y abandono su refugio en el Himalaya para diriguirse a Kashi. Alli el rey Divodasa le desterro. Shiva entonces envió a sus emisarios Brahma y Vishnu y regreso a la ciudad rodeado de 350 dioses y diosas más un anillo protector formado por Ganeshas que conforma la mandala de Shiva Vishnawatha.

 Dejando a un lado el terreno legendario, lo cierto es que parece que Benarés tiene unos 4000 años de antigüedad, por lo que puede disputar a Damasco y Alepo el ser la ciudad habitada más antigua del mundo, especialmente si Bashar al-Asad se empeña en dejar desiertas estas ultimas.

 La ciudad fue víctima de numerosos saqueos por parte de los gobernantes musulmanes, que no veían con buenos ojos tanta religiosidad ajena a las gentes del Libro, y a finales del siglo XVII, el mogol Aurangzeb arraso por completo Varanasi.

Esta es la razón por la cual una ciudad tan cargada de historia carece de un patrimonio monumental acorde a su curriculum. Siendo por tanto el aspecto antropológico y religioso el que confiere a Varanasi su enorme atracción y no su limitado patrimonio monumental.

El primer contacto con el Ganges.

 Callejeando por Goudalia observo por primera vez el Ganges desde un Ghat, calculo que tiene más de 200 metros de ancho. Hay numerosas barcas santuarios, familias bañándose y haciéndose fotos, sadhus, y toda una galería de lisiados, poliomielíticos y otras lindezas.  No obstante el panorama es insólito y difícil de describir, miseria frente a grandeza, pobreza frente a misticismo, suciedad frente a santidad.

ghats de Varansi

Matthieu Aubry Lic CC BY-NC-SA 2.0

 Regreso al entramado de callejuelas donde los conductores de cicloricshaw no te dejan ni caminar, aquí no solo hay vacas en la calle, también cabras, cerdos, algún mono, y muchísima, muchísima basura, en alguno de los montones de basura observo perros muertos. Es curioso, en un país donde los animales son sagrados, los perros están excluidos de esta bondad, son habitualmente maltratados y mal vistos.

 Mi primer paseo por Varanasi cumple con lo previsto. La parte mala (suciedad, inmundicia) ya la esperaba por tanto, la asumo, y la buena (exótica devoción vista por un occidental) es impresionante. Pero Varanasi te pide descanso, así que regreso al hotel justo a tiempo pues nada más llegar, truena el Monzón y comienza a caer agua con tal virulencia que en poco tiempo Varanasi se convierte en Venecia en algunos tramos, y un spa de baños de barro en otros.

Calle de Varanasi

Un céntrico bulevar de Varanasi

El caos de la ciudad.

A pesar de la torrencial lluvia, cuando sale nuevamente el sol, zarpo en un ricshaw de nuevo hacia el centro. Mi objetivo es el Golden temple de Vishnawatha, donde se encuentra el sagrado lingam (pene) de Shiva. Pero no llegare al templo.

 Disfrutare de otra atracción, el mayor atasco del mundo, ríete tú de Madrid. Bicicletas, rickshaws, ciclorickshaws, vespas, motos, jeeps, autobuses, vacas, cebús con carromato, un caos alucinante. Aunque nadie parece estresarse en exceso. Tras más de media hora detenido le comento al conductor que me bajo, andando llegare antes, o eso creía yo.

Tráfico en Varanasi

Vía de triple sentido en Varanasi

  La calle es un inmenso charco (bendito gore-tex), rodeado de gente y animales, con un ruido ensordecedor, todo el mundo pita. Eso que no falte. Si en algunos países del tercer mundo eliminaran las bocinas de los vehículos, o bien se dispararía el índice de delincuencia o bien el porcentaje de maniaco-depresivos aumentaría. Los occidentales somos gente muy sosa y aburrida que pitamos muy poco al volante, Eso si los españoles un poco sí que lo usamos, no como en Suiza que yo creo que los coches vienen sin bocina de serie. No me extraña que se suiciden tanto. Claro no pitan.

 La vías están tan atestadas de vehículos que no hay lugar para los peatones, algunos rickshaws llevan hasta 8 pasajeros. Llegar a los templos es una odisea, así que decido callejear por los “canales” a pesar de que las botas de gore-tex solo cubren hasta unos centímetros por encima del tobillo. Vamos que a la rodilla no llegan, por lo que toca chapotear hasta que salgo de la zona más congestionada y paro a un ciclorickshaw.

  Me subo y le pido que me lleve al hotel pasando por un lugar donde comprar tabaco. Compro tabaco y le ofrezco un cigarrillo al “ciclista” a cambio de que se lo fume tranquilamente charlando conmigo y no pedaleando. Poca charla para dos personas de universos tan diferentes, pero la inagotable curiosidad india siempre suele provocar que te sometan al tercer grado e indaguen hasta el último detalle de tu vida. En este caso decir que tú también trabajas, que no eres millonario, que el sueldo da “pa lo que da”, etc, no tiene mucho sentido si tu interlocutor gana a lo sumo un euro al día. En ese momento creo que el hecho absolutamente más determinante de tu vida es la cuna en la que naces.

Tráfico en Benarés

atasco a vista de rickshaw

 Parece que tengo suerte en lo que a la lluvia se refiere, nada más entrar en el hotel comienza a llover de nuevo, así que tomo algunas chocolatinas y chorradas que llevo para matar el hambre y en una cómoda silla del patio de hotel me siento a escribir estas líneas y contemplar esa maravilla, que es ver caer el monzón con todas sus fuerzas.

 Lo he contemplado en forma de lluvia tropical en Venezuela y en Santo Domingo, y como monzón en Camboya y en Goa. El intenso verde de la vegetación, la penetrante humedad, el olor a tierra mojada y el movimiento de las hojas confieren al monzón una lírica especial que lo hace sumamente bello.

 Si ya de por si los besos bajo la lluvia son románticos, si esta es monzónica, lo son más. Son pasionales como el monzón.

monzon en Varanasi

Lokendra Nath Roychoudhury CC BY-NC-SA 2.0

 Con el fin de la lluvia acaba también el día y me recojo a la “suite”. Mañana toca madrugón, lo ideal es estar en los ghats antes de las 5am, cuando no hay nadie y se puede comtemplar como despierta Varanasi… o Benarés.

Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

2 comentarios

  1. Es normal lo que dices Carmen, Varanasi es una ciudad “dificil”, tiene muchos pros y contras, yo trato de ver lo interesante y exótico, aunque es cierto que lo malo a veces se hace muy palpable. namaste

  2. carmen figueiras el

    yo no logre encontrarle el encanto a Varanassi asi q este año lo intentare de nuevo! yo m aloje en la zona de assi ghat bueno bonito barato! namaste