Carretera Manali Leh. Una ruta espectacular cruzando el Himalaya

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La gran carretera Manali Leh. Un viaje Increíble.

Los 484 kilómetros  de la carretera Manali a Leh, la capital de Valle de Ladakh requieren en la mayoría de los casos dos días de viaje, pero la lentitud y relativa comodidad de los autobuses es ampliamente compensada por el fascinante espectáculo que uno puede ver desde la ventanilla.

El inicio de la carretera, saliendo de manali

El inicio de la carretera, saliendo de manali

 Aspectos prácticos.

 Lógicamente quien quiera ir a Leh también tiene la opción de tomar un avión desde Nueva Delhi, en lugar de la carretera Manali Leh. Sin embargo es recomendable hacer la reserva con tiempo. Al principio y al final de la temporada de verano hay una gran demanda, y no es fácil obtener un asiento para el día de nuestra elección, y mucho menos que ida y vuelta se ajusten a nuestros planes.

 Durante mi estancia en Leh conocí una pareja italiana que aterrizo sin billete de vuelta, pues no lo encontro para el día que les convenía. Durante su estancia en Leh todos los días iban a la agencia de viajes en busca del ansiado billete de vuelta que nunca obtuvieron, por lo que debieron comprar unos asientos en el autobús apresuradamente y hacer los dos días de viaje por la “gran carretera” a Manali.

 No volví a saber de ellos, pero seguro que se alegraron de su percance, pues “The Big Road” es una experiencia en sí misma.

 El viaje por tierra. Autobuses.

 La oferta de autobuses para la carretera Manali Leh comienza por la más popular de HPTDC. La compañía de autobuses turísticos de Himachal Pradesh efectúa la ruta clásica de dos días con parada en Sarchu. Sus autobuses son aceptables, siempre pensando en los varemos indios, es decir los asientos son acolchados y reclinables.  Algo que aquí daríamos por  supuesto pero en la India no hay por qué darlo.

  Esta fué la opción que tomé. Existen compañías privadas de autobuses que realizan el trayecto y “fuerzan” la temporada al máximo, transitando hasta principios de Octubre. Por contra HPTDC finaliza sus rutas antes de que acabe Septiembre.

 Las compañías más conocidas son la HPSRTC y la J&KSRTC. Son algo más baratas y su servicio básicamente igual, pero por un poco de diferencia preferí la mayor seguridad de la compañía más demandada, la ya referida HPTDC. En cuanto a los precios, mi asiento costo 1140 rupias, 14 euros de entonces más o menos, hoy en día la tarifa está en 2400 rupias, unos 30 euros. No está nada mal, no podemos olvidar que se pernocta una noche.

descanso

Un alto en el camino

El viaje por tierra. Los Taxis.

 Una opción más cómoda para afrontar la carretera Manali Leh son los llamados gypsi, unos taxis 4×4 que realizan la ruta en dos días con parada en Sarchu. Para el viajero solitario es una opción algo cara si no encuentras compañeros con los que compartir gastos.

 En aquellos días el precio era de 7000 rupias (90€) por Vehiculo (no por persona), algo que no estaba dispuesto a pagar pero que viajando en grupo puede ser una excelente opción. A día de hoy los vehículos son más modernos y confortables, por lo que han subido los precios y están pidiendo unos 200€ por persona. Al contrario de los que ocurre con los autobuses, con los gypsi es posible negociar y llegar a acuerdos, de manera que las cifras finales dependerán mucho de cuantas personas se suban finalmente al 4×4, y la demanda del momento.

 Otra particularidad de los gypsi es que no se contrataban de la forma usual, o sea comprando la vuelta una vez en Leh.

 En Leh no existen servicios de venta de billetes de taxi, así que es recomendable gestionar la vuelta desde Manali, algo que hoy es habitual en la mayoría de las agencias, pero en la década pasada no funcionaba de esta forma.

 En aquellas fechas si querías regresar a Manali en gypsi, debías acudir una vez en Leh, al lugar donde llegan los 4×4 con viajeros procedentes de Manali, asaltar al conductor y acordar un precio de regreso.

 El precio siempre oscilara entre dos terceras partes y la mitad que el de ida, ya que el conductor va a regresar a Manali si o si, y tanto mejor para él si se gana un ingreso extra. En cualquier caso la habilidad para el regateo mas la ley de la oferta y la demanda serán decisivos en el incierto precio de regreso a Manali.

 Finalmente existe una opción aún más cara para hacer la carretera Manali Leh. Negociar con el gypsi hacer la ruta a Leh en una sola jornada, partiendo a las 6:30 de la mañana y alcanzando Leh a las 10 de la noche, más o menos. Naturalmente salvo que vayamos con una agenda apretadísima y los días contados, yo desaconsejo esta opción por completo. La gran carretera Manali Leh hay que disfrutarla y saborearla.

Que llevar al viaje.

  Enttre las dudas que asaltan al viajero, una es, si aprovisionarse de comida y bebida para el trayecto. No rotundo, es raro estar más de dos horas continuadas sin parar. Y los lugares donde se detiene el autobus, suelen tener todas las provisiones básicas, no vamos a encontrar restaurantes, pero galletas, chocolatinas, barritas de cereales, y menús muy básicos de comida India, como un dhal y sencillos platos vegetarianos, son servidos en pequeñas dhabas. El agua embotellada abunda en multitud de puestos de venta, y si alguien fuma, pues también hay tabaco. Lo único que recomiendo es llevar paracetamol u otros analgésicos. Es posible que al final de la jornada hagan falta.

Un poco de historia.

 La gran carretera Manali Leh se inauguró en 1989, suponía una alternativa a la ruta Srinagar Kargil Leh, mucho más al oeste y en una zona más conflictiva dadas las reclamaciones territoriales de Pakistán. Las razones de su construcción son claramente estratégicas y su fin es mantener la comunicación con las unidades del ejército indio establecidas en el Valle de Ladakh.

Actualmente la India construye un túnel en el paso de Rohtang para acortar las distancias y mantener algo más de tiempo abierta la carretera, ya que solo es practicable de principios de junio a principios de Octubre.

El viaje

 El autobús de unas cincuenta plazas partió a las 6:30 de la mañana, el pasaje esta mayoritariamente compuesto por turistas y mochileros occidentales, mas unos cuantos indios de etnia tibetana que van a sus lugares de origen. A lo largo del recorrido el conductor suele recoger a locales que hacen pequeños trayectos o incluso todo el trayecto, estos no ocupan sitio sino que acceden a la zona del conductor que se encuentra separada en una especie de cabina, donde en algún momento del viaje llega a haber 8 o 9 pasajeros apelotonados.

 Nada más salir, tras unos kilómetros junto al rio que rodea Manali, se inicia un largo y prolongado ascenso al paso de Rohtang, en un abrir y cerrar de ojos se produce un drástico cambio de vegetación y el verde húmedo de Manali da paso al paisaje lunar de la vertiente norte de Rohtang.

 Pronto se divisan las primeras nieves perpetuas y los glaciares.

glaciar

Glaciares en el paso de Rohtang

 Se puede decir que la espectacularidad de la carretera Manali Leh no se ha hecho esperar, hace nada que hemos salido de Manali y ya es impresionante. Rohtang tiene en su punto más alto en 5000 metros (poca cosa, para el Himalaya) pero sus bruscos cambios climáticos provocan no pocos disgustos a los montañeros y excursionistas que se aventuran por este paso.

Rohtang significa “montones de cadáveres”

  En lo alto las vistas son sobrecogedoras y el posterior descenso al valle de Chandra nos brinda unas imágenes de esas para guardar el resto de tu vida. Una vez abajo tenemos el primer puesto de control.

Las paradas

 Las paradas de la carretera Manali Leh contribuyen a hacer más llevadero el viaje y estirar las piernas, suelen ser en puestos de control con más o menos tiendas o construcciones sencillas que hacen las veces de “vía de servicio”. El conductor te recuerda el tiempo que se tardara en ponerse en camino y aprovechas para tomarte un chai o lo que proceda.

 Cuanto más alejada esta la parada de los destinos de inicio y final, mas espartana y sencilla es la misma y en cierto modo más exótica, con su mezcla de pastores, camioneros, monjes, militares, obreros de la carretera y mochileros.

Primer puesto de control en Koksar

Primer puesto de control en Koksar

 La primera parada es Koksar, desde allí a Keylong veremos algunos de los paisajes más espectaculares, en desérticos valles, flanqueados por picos de cerca de seis mil metros.

 Keilong es la parada más importante de la ruta, la única que merece la consideración de población, de aquí en adelante entramos en terreno desértico en todos los sentidos. La siguiente parada será Darcha, una destartalada posición de control a la que me imagino que envían a los oficiales y soldados castigados por alguna insubordinación, o bien con complejo de soldado de frontera al estilo del protagonista de Bailando con Lobos.

Los accidentes.

 Los militares son uno de los tipos humanos que uno más se cruza en el camino, las comunicaciones son vitales, y el valle de Ladakh mantiene una población militar muy superior a la civil. Más del doble.

 Con frecuencia nos cruzamos con convoyes que transportan tropas, esto al igual que los camioneros supone un problemilla cuando te encuentras en la falda de una montaña al borde de un precipicio, y no te explicas cómo es posible que tu autobús y el camión de turno puedan pasar uno junto al otro por tan angosta vía.

  Quizás ayude a comprenderlo mirar la rueda de tu vehículo sobrepasar dos o tres centímetros por encima del precipicio.

desprendimientos a causa del deshielo

Desprendimientos a causa del deshielo

  La India es un país con un alto índice de mortalidad en las carreteras, y la carretera Manali Leh figura en los puestos de cabeza de esta luctuosa lista. A lo largo del trayecto podemos encontrar carteles puestos por las autoridades, con mensajes en indio e inglés que dicen cosas como “tus hijos y tu mujer te esperan en casa”, “por tener prisa no llegó nunca”, etc.

 Evidentemente durante el viaje es mejor no pensar en estas cosas, pero el hecho de que de cuando en cuando, veas al fondo de un barranco, un camión oxidado y retorcido no ayuda a quitarte la idea de la cabeza.

obrero

Obrero de la carretera Manli-Leh Bob Witlox- CC BY-NC-ND 2.0

Obreros

 La condición estratégica de la carretera Manali Leh obliga al gobierno a mantenerla abierta durante los meses estivales, pero el problema es que el gélido invierno, la congelación de las aguas y el posterior deshielo causan auténticos estragos en el estado de la misma, por eso es necesario realizar labores de mantenimiento de forma permanente, en un interminable bucle de arreglos en verano que el invierno destroza, para así empezar otra vez al siguiente verano.

  Esto da lugar a la presencia intermitente de obreros en lo que debe de ser uno de los peores trabajos del mundo. Ennegrecidos por el alquitrán, con ropas casi acartonadas por la misma razón, tan solo se distingue a veces el blanco de sus ojos y una resignada mirada, fruto de una actividad que debe ser de las más parecidas a la esclavitud de cuantas existen.

Las Royal Enfield…y las bicis.

 Otro de los habitantes de la carretera Manali Leh son los aventureros que deciden hacer el recorrido a lomos de la clásica moto Royal Enfield. En Manali varias agencias alquilan la motocicleta, habitualmente modelos de 350cc, y esta se convierte en un elemento habitual de la carretera de Manali a Leh.

 Lamentablemente al viajar solo y teniendo en cuenta que mis habilidades como mecánico de motocicletas (y de cualquier otro vehículo) son similares a las que tengo como experto en física cuántica, esta opción no estaba disponible para mí.  Pero debo reconocer que debe ser una inolvidable aventura hacer la ruta a Leh sobre una Royal Enfield.

 Aunque para aventura, la de aquellos que cruzan la carretera en bici, son pocos y valientes, en algún caso solos. Supongo que tardaran más de tres días o incluso cuatro en completar el trayecto.

 Tras el control de Darcha pasamos por los desolados pasos de Zinging Bar y el valle de Baralacha La, sin duda la parte más recóndita, agreste e inhóspita de toda la ruta, y que precede a la llegada a Sarchu, el lugar donde nos esperan nuestras tiendas de campaña fabricadas con tela de paracaídas sobrante del ejército.

Sarchu Serai

 Sarchu Serai son un puñado de tiendas alrededor de otra central de mayor tamaño y que sirve de comedor. En las cercanías hay alguna Dhaba muy básica, pero la Dhaba de la HPTDC sirve un Dhal  muy reconfortante.

 También fue reconfortante encontrar a Paulo y Andrea, mis dos amigos italianos que como iban en gypsi, habían llegado a las cinco de la tarde, justo dos horas antes que yo. Me esperaban con un chai en la mano como bienvenida. Nos fumamos un “piti” comentando el trayecto y comenzamos a pasear para acercarnos a un desfiladero cercano.

 Como aquí todo es a lo grande, más bien parece un valle aprisionado por imponentes cordilleras de más de 5000 metros.

 Anochece, la sombra se cierne sobre las laderas de las montañas y el sol tras las nubes se sumerge entre dos picos mientras tiñe todo de rosa fuego, he sacado una foto pero dudo que mi cámara analógica pueda retratar una pequeña parte de lo que yo veo. La foto es bastante mala pero aun así puede dar una mínima idea.

carretera Manali Leh

Crespusculo sobre Sarchu Serai

Mal de altura.

 Tras la contemplación vino la alimentación, y nos fuimos a tomar el Dhal previo a la retirada a nuestras tiendas a dormir. La cara de Paulo más que de cansancio es de malestar. Y es que el mal de altura afecta de forma indiscriminada y te pude dar más o menos fuerte, en su caso le ha dado bien, por lo que le doy un paracetamol de los que llevo. Andrea se toma otro y yo también.

 Sarchu Serai se encuentra a 4300 metros o sea 600 metros más que el Teide. El mal de altura es algo común en los viajeros a Leh, especialmente aquellos que llegan en avión, pues estos no han sufrido un proceso de aclimatación como los que vamos por la carretera Manali Leh. Sus síntomas son mareos, dolor de cabeza, náuseas y en algún caso vómitos, en caso de padecerlos hay que beber mucho líquido y no hacer senderismo o montañismo en un par de días, lo normal es que desaparezcan en 24 horas.

 No obstante el caso de mi amigo Paulo no es lo acostumbrado, aunque en Sarchu Serai (800 metros más alto que Leh) prácticamente todos sentimos un pequeño malestar, es más bien como un pequeño embotamiento, como una nubecilla en la frente.

Reanudación del viaje

 A pesar del rigor de la altura y el frió que reina de noche, duermo como un tronco, y a las 5:45 de la mañana el autobús está arrancando hacia Leh. Previamente Paulo, Andrea y yo nos hemos tomado un chai en la “tienda bar” .

Paulo y Andrea antes de partir al amanecer en Sarchu

Paulo y Andrea antes de partir al amanecer en Sarchu

  Tras una empinada subida de esas que obliga al autobús a ir a no más de 15 km/h debido a las dificultades de combustión de un motor a estas alturas, se llega a la garganta Pang. Esta marca el inicio de una meseta de 45 km, conocida como las llanuras Moray.

Tanglang La

El bloguero en lo alto del Tanglang La

Ahora ya estamos más cerca de Leh. Las banderas de oración son cada vez más visibles y las stupas tibetanas comienzan a salpicar el paisaje cada vez en mayor cantidad. De cuando en cuando se ven pastores tibetanos con su rebaño de ovejas de las que se obtiene la preciada pashmina.

El segundo paso más alto del mundo para vehiculos de motor.

 Tras Moray llegamos al puesto de Dibring y a partir de allí comienza la subida al Tanglang La, el segundo paso más alto del mundo con sus 5328 metros sobre el nivel del mar. Todos los autobuses hacen una parada para hacerse la foto en el hito que señala la altitud del puerto. Desde allí en un día claro como aquel, se ve en la lejanía el legendario Karakórum.

 Nada más pasar el Tanglang La e iniciar el descenso la carretera se hace menos agreste, la media de velocidad del autobús aumenta y pronto empiezan a apreciarse cambios en el paisaje. No por efecto del clima o la orografía, sino por la acción del hombre.

  Ante un clima hostil los ladakhies han construido auténticos vergeles que hacen un gran contraste con las áridas laderas de las montañas que encañonan estos jardines, creando asi una postal singular.

arcoiris

Primera visión del Valle de Ladakh

  La visión de estas tierras irrigadas, con un arcoíris de fondo que hace las veces de meta, da por concluido el trayecto de la carretera Manali Leh

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Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

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