Barcos, veleros y botes en el Museo Thyssen Bornemisza

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Pintores viajeros y marineros del museo Thyssen Bornemisza.

Con un post dedicado a la playa, creo que es tiempo de embarcarse, así que si alguien tiene vocación marinera puede disfrutar de estos cuadros del Thyssen Bornemisza hasta que tenga el placer de embarcarse en uno de verdad.

Un renacentista clasico.

Ercole de Roberti Ferrara 1450-1496 – Los argonautas abandonan Cólquida 1480.

Los Argonautas parten con Medea a bordo.

Los Argonautas parten con Medea a bordo.

Nacido en Ferrara es el más importante pintor del cuatroccento italiano en esa ciudad junto con el mas renombrado Cosme Tura. Sin embargo es muy poco lo que ha llegado a nosotros a pesar de que en 1488, Ercole de Roberti sustituyó a Cosme Tura como pintor oficial de la corte de Ferrara.

Este cuadro formo parte de la decoración de un cassone nupcial (arcones con el ajuar de la novia).

Se trata de la nave de Jasón, el Argos. El barco abandona la Cólquida con sus ilustres tripulantes, no solo Jasón también Hércules, Orfeo, Atalanta, Castor y Pólux, a ellos se suma Medea quien ha ayudado a Jasón a hacerse con el vellocino de oro a cambio de casarse con él. Una vez que Jasón se vio libre de peligros, le dio calabazas a Medea, cuya terrible venganza inmortalizo Eurípides en su famosa tragedia “Medea”.

Una nación marinera, Holanda.

Jan van de Cappelle. Amsterdam, 1626-1679 – Marina con veleros. Entre 1655-1660

Barcos bajo el plomizo cielo del norte.

Barcos bajo el plomizo cielo del norte.

Una nación con gran vocación marinera y cuya riqueza en buena parte se la debió al mar, tenia que contar con grandes pintores de marinas. Al fin y al cabo, pintar marinas en Holanda es como retratar un trozo de la esencia de esta nación.

Jan van de Capelle fue un pintor especialista en marinas, aun no siendo profesional de la pintura, el mismo poseía un barco de recreo.

Este cuadro se enmarca dentro de una tipología llamada “parada” que se refiere a barcos anclados en puertos al tiempo que las chalupas se dirigen hacia ellos.

El cuadro parece querer retratar más el ambiente que a los propios barcos, se nota la luz tenue del norte de Europa.

Willem van de Velde II. Leiden, 1633-Londres, 1707. – La flota holandesa en Goeree 1672-1673

La flota "parada" en el estuario de El Mosa.

La flota “parada” en el estuario de El Mosa.

Otro cuadro con idéntico motivo que el anterior, y otro pintor que también gustaba de navegar. En este caso en el barco de su padre. Su carrera pictórica fue prácticamente consagrada al género de las marinas.
Retratar marinas era muy patriótico, y si los barcos son de la armada holandesa pues mucho más. Este cuadro retrata Goeree, un canal en el estuario del Mosa.

Los Norteamericanos, paisajes en abundancia en una tierra inmensa.

James Goodwyn Clonney. Liverpool, 1812-Binghampton, 1867. – Pesca en el estrecho de Long Island a la altura de New Rochelle 1847

Gran paisaje al fondo y humor de frente.

Gran paisaje al fondo y humor de frente.

Un inglés que paso a engrosar la abultada lista de paisajistas norteamericanos, que tan bien representada está en el Museo Thyssen, (y en esta serie de post). Llego a USA en 1830, y en 1833 ya se está dedicando por completo a la pintura.

Este cuadro sorprende por su ligero toque caricaturesco empleado en los tres personajes centrales, en contraposición con la pericia técnica y realismo empleado en el paisaje.

Fitz Henry Lane. Gloucester, 1804-1865. – El fuerte y la isla Ten Pound, Gloucester, Massachusetts 1847

Un día tranquilo en la costa.

Un día tranquilo en la costa.

Esta marina representa la isla de Ten Pound en Gloucester, patria chica del pintor. Lane retrata con minuciosidad la orografía con el mar y el cielo como protagonistas principales. La sensación es de calma y tranquilidad, incluso parece que las velas tiene pco sentido en ese momento.

Frederic Edwin Church. Hartford, 1826-Nueva York, 1900. – Bote abandonado 1850

Fin de una singladura para algunos, otros al fondo siguen navegando.

Fin de una singladura para algunos, otros al fondo siguen navegando.

Church, asiduo a estos post, de los principales paisajistas norteamericanos de la escuela del rio Hudson, e infatigable viajero por varios continentes. En este caso la pintura se ubica en una playa irlandesa.

Esta vez el barco ya no navega, esta varado, y ocupa todo el centro de la escena. Un bote así da mucho que pensar, ¿metafora del final de la vida?, o como era muy habitual desde 1951, asociar estos botes con el gran best seller del momento, Moby Dick.

Francis A. Silva. Nueva York, 1835-1886. – Kingston Point, río Hudson. 1873.

Dan ganas de navegar.

Dan ganas de navegar.

Otro paisajista americano, de los llamados luministas. Esta vista de Kingston Point transmite una calma y un sosiego difícil de superar. En parte gracias a los logrados efectos de luz, la sencillez y desnudez del poco paisaje terrestre que sobrevive a el espacio dominado por mar y cielo. Seguro que la tranquilidad es aún mayor si uno pudiera ir a bordo del pequeño velero.

Winslow Homer. Boston, 1836-Prouts Neck, 1910. – La señal de peligro 1890,1892 y 1896

La otra cara de La mar.

La otra cara de La mar.

Esta escena no tiene nada de idílica, retrata la otra cara del mar, la más dura. La escena es en las gélidas aguas de Maine y retrata un rescate marítimo. El mar es quien pone el dramatismo y se cobra una pieza.

Winslow Homer además de ser uno de los artistas más reputados del siglo XIX americano, fue un gran viajero, y el mar fue su pasión, por eso visito los trópicos, las Bahamas, Florida y las Bermudas, siempre mirando hacia el mar y sus gentes. Como estas que aquí se miden a la furia de las olas.

Edward Hopper. Nyack, 1882-Nueva York, 1967. – El “Martha Mckeen” de Wellfleet 1944

Un inconfundible sabor americano. Edward Hopper

Un inconfundible sabor americano. Edward Hopper

Y de uno de los grandes del XIX nos vamos al más grande del XX entre los pintores figurativos, que “tan mal lo pasaron” en el siglo XX como es el caso de Hopper. Hoy venerado y copiado, pero en vida menospreciado por el dominio de las corrientes abstractas.

Este precioso cuadro se pintó en Cabo Cod. Martha McKeen era una vecina propietaria del barco, ella y su marido salían junto con Hopper y Jo Hopper a navegar en numerosas ocasiones.

Hopper como casi todos los pintores nombrados amaba la navegación y los temas marineros abundaron en su obra, siempre con la calidez, y la soledad que transmiten su “cinematográficas” pinturas.

Los datos y algunas informaciones provienen de la web del Museo Thyssen Bornemisza

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Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

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