3 pinceladas barrocas sevillanas

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El barroco sevillano, grandilocuente.

El arte a veces va por barrios, y si el Norte nos regala pequeños tesoros pre-románicos, antes de llegar a la mitad sur de la península, el románico se despliega en los pueblos y el gótico en las ciudades. El Renacimiento ya traspasa Despeñaperros, pero el Barroco trentino ocupa toda España y en Andalucía alcanza la excelencia, sobre todo en Sevilla.

Detallar el barroco sevillano no precisa un post, sino un blog. Esto solo son tres pequeñas pinceladas barrocas de la capital hispalense. Y tampoco exhaustivas pues los tres templos visitados requerirían una tesis doctoral cada uno de ellos.

Iglesia de Santa María Magdalena.

En origen es una de las 24 parroquias en las que Fernando III dividió Sevilla tras su conquista. Al principio fue un convento dominico llamado de San Pablo y terminó siendo el principal centro de formación de los Dominicos con destino a las Indias. En este convento se formaron los primeros misioneros de la historia con rumbo al Nuevo Mundo. De aquí salió Fray Bartolomé de las Casas.

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Capilla de la Virgen del Amparo junto al retablo mayor.

El edificio se consagro sobre una mezquita, y sufrió incendios demoliciones etc. En 1811 los franceses casi acabaron con él por completo. Antes en 1355 había sufrido los efectos de un terremoto, por lo que se reconstruyo en estilo gótico mudéjar. En 1691 por falta de mantenimiento se derrumbo una buena parte.

Es entonces cuando se encarga la obra al insigne arquitecto Leonardo de Figueroa, figura clave del barroco sevillano, y salvando las distancias si se me permite decir, también de este post. Las obras del nuevo templo concluyeron en 1724.

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En 1836 la iglesia paso de los dominicos a la diócesis sevillana, y los edificios anejos del convento son una delegación de hacienda, y el Hotel Colon que se erige sobre el claustro barroco que ardió en 1909.

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El templo de Figueroa tiene cuatro puertas de las que tres dan a la calle San Pablo, mientras que una da a la calle Cristo del Calvario, que es la puerta principal. Es la más decorada y donde mejor se aprecia la obra del arquitecto andaluz, pero se usa en muy pocas ocasiones.

La entrada del público está en la calle San Pablo, en ella hay una puerta a la altura del transepto de la Epístola, en la misma hay una estatua de Santo Domingo de Guzmán atribuida a Pedro Roldan.

Interior de Santa maría de la Magdalena

La iglesia es de cruz latina con tres naves, capillas laterales y presbiterio. Cuenta con una profusa decoración al fresco.

La nave central es de bóveda de cañón con cúpula octogonal. Por su parte la nave del transepto cuenta con tribunas de madera tallada y pinturas al fresco de Valdés Leal, como son el Suplicio de Diego Duro, y La entrada de San Fernando en Sevilla. Frescos coronados por esculturas que representan a los padres de la iglesia.

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Camarín neoclásico, con Inmaculada de mediados del siglo XVII,  atribuida a Benito Hita del Castillo.

El Retablo Mayor es de principios del Siglo XVIII y con sus 16 metros de altura es el segundo retablo de Sevilla tras el de la catedral. Consta de tres calles con columnas salomónicas, tan de moda a principios del XVIII. Sus esculturas son mayoritariamente de Pedro Duque Cornejo.

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Junto al retablo anterior, encontramos finalmente la Capilla de la Virgen del Amparo, (primera foto del texto) cerrada por medio de una reja del primer cuarto del siglo XVIII. El retablo es de estilo salomónico de esa misma época, y en sus calles laterales se muestran imágenes de San Gabriel (o San Miguel) y San José, San Joaquín y Santa Ana. La imagen de Nuestra Señora del Amparo es obra del flamenco Roque Balduque, de 1.555,  y preside desde el camarín la parroquia y la feligresía, de la que es Patrona. Se trata, sin duda, de una de las imágenes del templo con mayor calidad artística.

La Iglesia del Salvador

Esta fabulosa iglesia barroca ocupa un epicentro histórico de la urbe sevillana, solar de patricios hispalenses, primeros cristianos, mezquitas, y sucesivas construcciones medievales hasta llegar a la actual enciclopedia barroca en que se ha convertido.

Además de sus construcciones la plaza era un centro de reunión, pues fue foro romano, zoco, mercado, y hoy en día un animado lugar de tapeo.

Sobre los restos medievales se construyó una iglesia en el tiempo récord de cinco años de 1674 a 1679, quizás esas prisas son las que provocaron que el 24 de Octubre de 1679 casi concluida la obra, esta se viniera abajo por completo. De manera que se decidió reconstruirla con más calma y más seguridad, misión que concluyo Eufrasio López de Rojas, maestro mayor de la Catedral de Jaén en 1719.

Su bonita fachada se corresponde con las tres naves, son tres puertas con tres ventanas circulares coronándolas, y una gran espadaña.

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La Iglesia del Salvador fue completamente restaurada no hace muchos años, hacia el 2005-06. La empresa que llevo a cabo las obras es la misma que hizo lo propio con la Catedral de Vitoria, y a raíz de esa experiencia alavesa, repitió la fórmula de “obras visitables”, en el 2005 pude visitar la Iglesia del Salvador, vacía de obras de arte y en fase de restauración. Por entonces la entrada era el patio de los naranjos, antigua mezquita.

La mezquita que fue ordenada por Abd al-Rahman II sobre ruinas romanas fue la más grande de Sevilla hasta la construcción de la que ocupo los terrenos de la Catedral. Al inaugurarse la Mezquita Mayor se cerró al culto esta. Pero el mismo arquitecto de la Giralda la remodeló y se abrió nuevamente.

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Hoy solo quedan los cimientos del alminar y varias columnas romanas y visigodas en el Patio de los naranjos que delatan que el nivel del suelo actual está por encima del de época almohade.

Interior de la Iglesia del Salvador.

El Retablo Mayor de la Iglesia del Salvador esta realizado entre 1770 y 1779 por Cayetano de Acosta, artista portugués. Con banco y tres calles separadas por columnas salomónicas, más un ático, al igual que en la Iglesia de la Magdalena, y como otros muchos retablos sevillanos.

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El Retablo se dedica a la transfiguración, motivo común de todos los templos dedicados al Salvador.

En la puerta de entrada luce un órgano neoclásico.

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A la derecha del retablo se encuentra el Cristo del Amor, una excepcional talla de Juan de Mesa, que además esta certificado que fue tallada sin ayuda de oficial alguno o discípulo.

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Justo a la derecha del Cristo del Amor se accede a la Sacristía Alta, y tanto en esta, como sus salas adyacentes se puede contemplar un Museo Colegial con importantes obras de arte sacro en todos sus géneros.

barroco-19Cabeza cortada de San Juan Bautista, de Sebastián de Llanos Valdés (1.670).

Nada más terminar la visita de las sacristías, en la nave del Evangelio se encuentra la canastilla del paso del Cristo de la Pasión, una increíble pieza de orfebrería.

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Capilla Sacramental y retablo de Nuestro Padre Jesús de la Pasión

En la hornacina central de la capilla, se encuentra el Cristo de Pasión, obra del genial Martínez Montañés esculpida al natural en madera de cedro. La policromia se debe a Francisco Pacheco, suegro de Velázquez. Es un Cristo que simboliza la resignación.

San Cristóbal de Martínez Montañés

Magnífica obra del escultor andaluz que retrata la historia del forzudo Cristóbal cargando al niño Jesús. Este motivo suele representarse en las iglesias pintado en un gran mural. Aquí sin embargo es una gran pieza de madera policromada de 2,20 metros de altura. Es una de las primeras obras de Martínez Montañés (1598) y tiene una fuerte influencia de Miguel Angel, en lo robusto del personaje.
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Una obra maestra de la escultura barroca española
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Otro impresionante retablo es el de la Virgen de las Aguas, construido entre 1726 y 1755. Con dos hornacinas superpuestas, la inferior aloja a la virgen y y la alta relata la aparición de la Virgen a San Fernando durante el asedio de Sevilla.

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El ático del retablo se remata con el escudo de la monarquía española.

El Hospital de la Caridad

Una de los más conocidos monumentos barrocos de Sevilla, situado en la calle Temprado en el barrio del Arenal.

Desde el siglo XV ejerció como hospital y acogimiento de personas desamparadas de toda clase, así como el enterramiento de los ajusticiados o cualquier cuerpo no reclamado.

En sus orígenes el Hospital de la Caridad sevillano aprovecho varias naves de las atarazanas de Alfonso X. El edificio fue tornándose ruinoso con el paso del tiempo y en 1644 se decidió la construcción de una nueva iglesia, gracias al impulso del más celebre nombre asociado a esta institución, Don Miguel de Mañara. Este además incremento las labores de caridad y hospedaje del Hospital, entre otras cosas acogía a aquellos no admitidos en otros hospitales. Hoy en día continua haciéndose cargo de ancianos sin recursos.

La fachada de la Iglesia es del gran arquitecto barroco sevillano Leonardo de Figueroa. Es una fachada de tres cuerpos, no tan profusamente decorada como otras obras posteriores del autor. Cuenta con las efigies de San Fernando y San Hermenegildo, santos alusivos a la historia sevillana. Junto con ellos varios paños de azulejos con motivos religiosos de santos y virtudes teologales (Fe, esperanza y caridad).

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Para acceder al recinto del hospital se emplea la portería, que da paso a los dos patios separados por un pasillo elevado mediante arcos de medio punto sobre columnas de capitel toscano.

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Estos patios tienen dos fuentes de estilo genovés que representan a la Caridad y la Misericordia, y en las paredes siete paños de azulejos procedentes de un convento gaditano.

Desde este patio se accede a la iglesia del Hospital, obra maestra del barroco, y resultado del “póker de ases” que representa Figueroa en la arquitectura, Pedro Roldan en la escultura, más Murillo y Valdés Leal en la pintura.

La Cúpula del Antepresbiterio, es una admirable obra barroca decorada por Valdés Leal entre 1678 y 1682. Se han dispuesto bajo las enjutas cuatro santos cristianos, populares por sus obras caritativas, en las pechinas los cuatro Evangelistas y en los gajos de la Cúpula ocho angeles representando los atributos de la Pasión de Cristo. (Columna de la flagelación, corona de espinas, paño de la Verónica, lanza de Longinos, rotulo de la Cruz con clavos y tenazas, sudario de cristo, y escalera del descendimiento).

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Si dirigimos la mirada a la puerta de la Iglesia apreciamos el coro y el gran fresco de Valdés Leal, “El triunfo de la Santa Cruz”. Cuadro que representa el momento en que Heráclito, Emperador de Bizancio se presenta ante las puertas de Jerusalén con la Santa Cruz después de haberla recuperados de manos del persa Corroes. En ese momento un ángel aparece y le advierte al emperador que por esa puerta paso Jesús a lomos de una borriquilla. El emperador capto la indirecta y se despojó de sus lujosas vestiduras. Hablando en plata, que al Paraíso no se entra con las riquezas terrenales.

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El retablo es obra de tres maestros sevillanos, Bernardo Simón de Pineda, en su estructura, Pedro Roldan en la escultura, y Valdés Leal en la pintura.

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Con unas bellas columnas salomónicas, tiene una gran calle central y dos laterales, con San Jorge y San Roque, patron de la Hermandad y abogado frente a la Peste respectivamente. En el ático se representan la virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad.

La figura central del retablo es el Santo Entierro, obra maestra de Pedro Roldan y que alude simbólicamente a la misión principal del Hospital de la Caridad que es ofrecer cristiana sepultura.

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Los muros laterales de la Iglesia están decorados por varios cuadros de Murillo, cuatro de ellos son copias, pues los originales fueron víctimas del mayor chorizo de la Guerra de Independencia, (1808-1814), el ínclito Mariscal Soult que se llevó en su equipaje de suvenires cerca de 400 cuadros, y constituye uno de los mayores expolios  sufridos por un ciudad en la historia moderna. Cuatro de estos cuadros están en Otawa, Washington, Londres y San Petesburgo. Existen otros dos de gran tamaño, que por el contrario, son originales del maestro sevillano. Son Moisés haciendo brotar el agua de la roca de Horeb y La multiplicación de los panes y los peces.

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Final lúgubre.

Termino este post revelando la razón por la cual cuando voy a Sevilla, cosa que he hecho en cerca de 40 ocasiones, a menudo me acerco a este monumento, o como cicerone llevo allí a amigos y familiares. Se trata de dos cuadros de Valdés Leal que por sí solos son motivo más que suficiente para visitar este monumento. Son In Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi, dos de las más importantes “Vanitas” de la historia del arte occidental.

Todos nos vamos a morir, por si alguien no se había enterado.

In Ictu Oculi.

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Inquietante cuadro de Juan de Valdés Leal pintado en 1671

Dentro de lo que constituye el muy elaborado programa iconográfico de Don Miguel de Mañara, uno de sus primeros encargos al pintor Valdés Leal fue plasmar la brevedad de la vida y el inexorable triunfo de la muerte. Estos dos cuadros han sido bautizados como “jeroglíficos de la postrimerías” y advierten sobre si el hombre desea la salvación o su condenación eterna. La caridad es una de las formas de obtener la primera. En In Ictu Oculi la muerte porta un ataúd bajo su brazo izquierdo, y sustenta la guadaña. Con el otro brazo apaga una vela (la vida) sobre la que aparece la inscripción “In Ictu Oculi” (en un abrir y cerrar de ojos), alusiva a la brevedad de la vida y lo pronta que la muerta aparece.

La parte baja de lienzo es una Vanitas al uso, glorias eclesiales, (báculo, mitra, capello cardenalicio), y reales (cetro, toisón, corona). A todos alcanza. Por eso la muerte pone su pie sobre el globo terráqueo. Otras “vanidades” como el saber, la riqueza, o la guerra también se representan. El cuadro tiene un fuerte contraste entre la luminosidad de los objetos representados y la oscuridad del fondo, lugar de donde surge la muerte.

Finis Gloriae Mundi

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El cuadro anterior fue un aviso de la llegada de la muerte, este es la muerte en persona. Dos cadáveres se encuentran en proceso de descomposición rodeados de insectos. Son un obispo y un caballero de la Orden de Calatrava. En segundo plano más esqueletos, una lechuza y un murciélago (animales de las tinieblas)

En el centro el juicio de Dios, la mano de cristo con llagas sujeta la balanza. Está, en uno de sus platillos dice “Ni más”” y sostiene los símbolos de los siete pecados capitales que conllevan la condena. En el otro dice “Ni menos” y sustenta elementos alusivos a la caridad, virtud y oración.

 “Ni necesito hacer más para caer en el mortal pecado, ni se debe hacer menos para salir del pecado”.

La balanza está alineada, es el hombre con su libertad de acción quien tiene en su mano que esta se incline hacia un lado u otro. Como en el cuadro anterior la luz incide en primer plano y el fondo queda en penumbra salvo la mano de Cristo.

Valdés Leal realizo con autentica maestría estos dos cuadros ciñéndose a las indicaciones de Miguel de Mañara, gracias a ello se ha identificado a este pintor sevillano como un pintor oscuro y tétrico, calificativo que no se corresponde con la realidad, pues el resto de su obra es mucho más vitalista. Por otra parte, Valdés Leal recibió una cifra algo inferior a 6000 reales por las dos obras, mientras que Bartolomé Esteban Murillo por sus ocho cuadros cobro 100.000 reales, lo que demuestra que en la Sevilla barroca de la segunda mitad del siglo XVII Murillo era “The Boss”

Y con esto finaliza esta breve y concisa pincelada barroca. Carpe Diem.

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Sobre el autor

Salvador Gutiérrez Sánchez, Licenciado en Derecho, y aun preguntándose por qué. Como ya soy mayorcito ahora estoy a punto de graduarme en Geografía e Historia. Adoro viajar desde antes de tener uso de la razón, pues esta la adquirí hace poco. En este blog cuento mis viajes, mis experiencias, y especialmente los testimonios culturales y artísticos de los lugares por donde paso. Creo que un lugar se vive y se entiende mejor si conoces lo que antes sucedió. No pretendo entrar en grandes erudiciones, que o bien no poseo, o no son objeto de este blog. Solo quiero hablar de viajar, viajar y viajar, y de cuando en cuando con un puntito de acidez, e ironía.

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